Cartas de los lectores
Una bicicleta recuperada gracias a la Policía Municipal


Publicado el 10/07/2025 a las 05:00
El pasado 9 de junio, a última hora del día, dejé mi bicicleta candada en el aparcamiento para bicis que hay justo debajo de la ventana de mi casa. Era la última hora del día y a primera del siguiente la volvería a coger para ir a trabajar. Mi sorpresa al comenzar el día siguiente y disponerme a recogerla fue encontrarme únicamente el candado con un corte limpio en el émbolo de metal. La bicicleta ya no estaba.
Se entiende que el ladrón utilizó una herramienta eléctrica (cizalla o sierra), ya que, como digo, se trataba de un corte totalmente limpio en un metal macizo. Tras el disgusto, enseguida encontré a uno de los agentes de policía municipal que ordenan el tráfico a la hora de entrada de los niños en los colegios del barrio. El agente, de manera amable y cercana, me pidió algunos datos de la bici, que apuntó en un libreta, y me orientó a poner una denuncia con la fotografía de la misma y el número de bastidor. También me informó sobre el horario de atención de la oficina de Policía Municipal.
Sin mucha esperanza, puse la denuncia y adjunté la foto, con tan buena suerte que hace una semana me llamaron para transmitirme que habían encontrado la bicicleta. Tuve que pedirles que me la guardaran, ya que me encontraba fuera de Pamplona esos días. Me dijeron que no había problema y que en cuanto volviera, pasara a por ella.
Así lo hice hace unos días. En las oficinas de Policía Municipal me atendieron dos inspectores de manera profesional, cercana y muy agradable. Reconocí la bici, que tenía una rueda pinchada y algún cable suelto producto del maltrato del propio ladrón, se entiende.
Traslado esta experiencia porque creo que es importante que los ciudadanos tengamos el conocimiento de que nuestro sistema de servicios públicos es algo que debemos cuidar. En unas semanas en las que día sí y día también se nos muestra información de cómo nuestros representantes se lucran con el dinero de todos, es normal que el ciudadano caiga en la desafección y en la apatía a la hora de seguir participando en este orden que llamamos democracia.
Creo que debemos ser conscientes de que debajo de esas caras visibles y del ruido, los ciudadanos gozamos de una serie de recursos públicos que, por estar siempre ahí, pueden dejar de ser valorados, pero que sin ellos nuestra vida sería muchísimo más complicada. Son estos los recursos de la democracia y es esto lo que debemos proteger, continuando con nuestra participación en la misma.
Arturo Lecumberri Martínez, vecino de Pamplona