Lo que no da réditos electorales, no se hace
Racionalizar y ahorrar en el gasto de la administración es una tarea ingratra a la que pocos quieren enfrentarse

Publicado el 24/04/2022 a las 06:00
ESTOS días de Semana Santa la vida ha vuelto a ser como la de un hormiguero. Hecha de idas y venidas masivas. Ha sido la primera oportunidad de viajar sin restricciones con la que nos topamos tras la sexta ola de la pandemia, esa que nos azotó en plenas Navidades y que la invasión de Ucrania echó atrás en nuestras preocupaciones. Y vaya si había ganas. No ha habido más que pasear por cualquier rincón de Navarra estos días para comprobarlo. De Belagua a Castildetierra. Visitantes en todas partes. Y, a la vez, y desde otra óptica, regreso también de las tradiciones religiosas multitudinarias, de las Procesiones de Viernes Santo a las Pasiones vivientes, que han vuelto a salir a la calle y a recuperar su espacio.
Explosión turística. El primer fenómeno, el de la explosión turística, tiene que ver con que las costumbre viajeras han salido, por fin, de las catacumbas del recuerdo. Un movimiento, un flujo, natural hasta hace dos años y que hoy sabe a pura novedad, a recuperar la vida misma. El ímpetu con que el que ha regresado la movilidad social habla claro de las ganas que había. Incluso de la necesidad social dirían muchos. Los humanos necesitamos certezas y los hábitos estructuran las vidas. Es evidente. Y poder hacer planes ha sido una de las carencias más sentidas en estos años.
Esta recuperación acelerada del ocio nos recuerda que las crisis van por barrios. En la de 2008, la crisis financiera, se hundió el sector de la construcción. Y en estos momentos ese mismo sector registra un récord de venta de viviendas alentado quizá por su consideración de valor refugio ante la subida de los precios. Con la pandemia, lo que se hundió fue el sector de la hostelería y el turismo, fruto de las restricciones a la movilidad. Y en esta Semana Santa, en cambio, ha sido el sector económico que ha notado mayor impulso, aunque sea en parte, porque era el que partía de un punto más bajo.
Y es un sector que arrastra enorme cantidad de empleo, no lo olvidemos. El ocio de la mayoría es la base del sustento económico de otro gran grupo de profesionales. Sólo la hostelería da empleo directo a 16.500 personas en Navarra. Son casi tantas como todo el sector de la construcción, pero son 2.000 puestos de trabajo menos de los que había antes de la pandemia.
Oferta fiscal sobre la mesa. En la semana en la que nos libramos de la mascarilla en interiores (al menos de momento si las cosas no empeoran), el debate político ha discurrido por sendas fiscales. El nuevo líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha marcado campo de juego proponiendo un paquete de medidas con rebajas fiscales para familias y empresas para compensar la desbocada subida de los precios. Y el Gobierno socialista de Pedro Sánchez se le ha echado encima.
Feijóo defiende que la inflación dispara la recaudación de impuestos y que, en la práctica, sube la presión fiscal de forma artificial. Y razón tiene.
Por eso, más que hablar de bajar impuestos debiera hablarse de corregir la subida que produce la inflación en sí misma. Que no es lo mismo. Yque perjudica más, claro, a las rentas medias y bajas. Eso es tan evidente que Navarra, con un Gobierno socialista, ha deflactado la tarifa del IRPF para 2022 un 2% y aumentado mínimos personales para compensar la inflación, lo cual se notará el año que viene. ¿Escaso? Sin duda. Pero el movimiento ha ido en la misma línea que lo propuesto por Feijóo. Lo que indica que, cerrazones ideológicas al margen, no va descaminado. Otra cosa es que en Navarra sigamos teniendo de los impuestos directos más altos de España en su conjunto.
Racionalidad en la administración. Fuera de todo debate queda que la administración tiene enorme capacidad de mejora y de ahorro si gestiona mejor sus recursos, que por ahí también ha ido Feijóo. Lo reconoce en privado todo aquel que sabe un poco del tema. Incluso los que están en el Gobierno foral. Pero acto seguido confiesan, a la vez, que es una tarea ingrata y desgastante, que no da réditos electorales. Así que, sencillamente, no se aborda. Dinero que esfuma por la alcantarilla ante la falta de coraje para tomar decisiones que pueden ser incómodas.
Es mucho más fácil y rápido darle una vuelta más a la máquina de recaudar impuestos que esforzarse en serio en racionalizar la Administración. Ese reto pendiente debiera ser un tema obligado de consenso entre las grandes fuerzas políticas. Es la única manera de abordarlo.