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Debate

Ganadería intensiva y extensiva

Las declaraciones del ministro Garzón a ‘The Guardian’ sobre la dudosa calidad de la carne que exporta España ha generado un debate sobre las macrogranjas, la ganadería intensiva y extensiva que ha copado los informativos. Las dos reflexiones que siguen estas líneas rechazan las macrogranjas, pero presentan diferentes matices y argumentos alrededor de la ganadería

Gonzalo Palacios y Fermín Gorraiz.
Gonzalo Palacios y Fermín Gorraiz.DN
  • Gonzalo Palacios y Fermín Gorráiz
Actualizado el 23/01/2022 a las 20:47

A FAVOR: Gonzalo Palacios, ganadero de Izal y vicepresidente de UAGN

La carne de Navarra tiene una calidad excelente

Antaño, en los pueblos, el ganado se hallaba distribuido en la planta inferior de las viviendas, en el corral. Mi abuelo me contaba cómo con pocas cabezas de ganado se alimentaba a toda la familia. Con el tiempo, nuestra granja alcanzó mayor dimensión y mi padre construyó la nave donde hoy en día crío a más de cien vacas de carne.
El manejo de mi ganado es en extensivo, siendo el principal activo para mantener el medio ambiente, que sólo puede subsistir con una apuesta verdaderamente decidida de las Administraciones y con políticas centradas en el propio ganadero, no en el medioambiente, como sucede habitualmente como por ejemplo con la suelta del oso. En el Pirineo Navarro, donde el predominio es la ganadería extensiva, en ocho años, ha habido un descenso del 25% en el número de granjas por falta de relevo generacional, con una edad media del ganadero de 59 años.
Estos datos son desalentadores, y muestran la realidad de un sector ganadero que se encuentra en una situación límite, cobrando por debajo de los costes de producción, desde hace más de 40 años.
La ganadería extensiva se caracteriza porque las madres pastan al aire libre, siendo más sostenible económicamente para el ganadero. Sin embargo, durante una parte importante de su ciclo, el modelo es en intensivo, período en el que utilizan recursos naturales para su alimentación al no poder salir al pasto, como pienso, ensilados y otro tipo de forrajes desecados. Esta fase es fundamental para dotarle a la carne de las características organolépticas que hoy en día conocemos, sabor, color, olor y ternura.
Desde este punto de vista, es importante diferenciar el ganado porcino, cunícola y avícola, del vacuno, equino y ovino. Ante el incremento de población y la responsabilidad social del sector agrario de suministrar alimentos a la ciudadanía, debemos ser eficaces y eficientes en la producción de alimentos y aprovechar los recursos al máximo. En este sentido, el sector porcino y avícola se encuentra a la cabeza, consiguiendo un sistema de producción que permite, con los mínimos recursos posibles, el máximo alimento, de una forma sostenible. De esta manera, el consumidor puede acceder a una carne de calidad a un precio más asequible.
De hecho, la carne de pollo es la más consumida en el mundo, seguida por el cerdo, no porque sea más saludable, sino porque es más económica. Y es que las tendencias de consumo han cambiado, y la alimentación pasa a un segundo plano quedando por delante otras necesidades como irse de vacaciones, salir a cenar, o comprarse un móvil.
Pero, en cualquier caso, la carne que se produce en el Estado y particularmente en Navarra tiene una calidad excelente y cumple con todos los requisitos de bienestar animal, distancias… y más aún, cuando se trata de una denominación de origen. Sin embargo, la carne que se importa ¿tiene las mismas condiciones sanitarias? Habría que exigir los mismos requisitos sociales, medioambientales, de producción y sanitarios.
Y no debemos olvidar que la ganadería intensiva, que no las macrogranjas, debe existir para evitar la transmisión de enfermedades. La ganadería extensiva pasta al aire libre y convive con la fauna, sin embargo, sería inviable gestionar una granja avícola o porcina conviviendo con la fauna silvestre, por las enfermedades que estos animales pueden transmitir a los criados por los humanos. La peste porcina ya está en Italia, si los cerdos se criaran en Navarra como antaño, sueltos por nuestros montes, y la peste porcina llegara aquí, ¿qué habría que hacer?, ¿sacrificar e todos los jabalíes, o encerrar y criar intensivamente a los cerdos?
Pero la esencia del debate no es otra que educacional y cultural. ¿La población conoce como se producen los alimentos y el valor la agricultura y la ganadería? Es fundamental un plan educativo, desde los colegios a universidades que proponga al sector primario, como una actividad vital y esencial y a la agricultura y ganadería como ejes de las políticas rurales. Sólo de esta manera conseguiremos que el sector agrario tenga el valor que realmente merece.

EN CONTRA: Fermín Gorraiz, Presidente de EHNE Nafarroa

Una amenaza para las ganaderías familiares

Antes de entrar en materia, es obligado señalar que la polémica originada a raíz de las declaraciones del ministro Garzón ha sido totalmente interesada y con claros tintes electoralistas. Salvo honrosas excepciones, la agenda de los políticos profesionales rara vez se ocupa en profundidad de los problemas del sector primario y, cuando se refiere a él, lo hace desde el desconocimiento y siempre con la única intención de recabar votos.
Dicho esto, también es necesario poner de manifiesto que el debate se ha planteado de manera totalmente errónea. Es una equivocación mayúscula confrontar ganadería extensiva con intensiva, pues ambas pueden ser perfectamente compatibles. La verdadera cuestión radica en el tamaño de las explotaciones, donde se debería hacer especial hincapié en proteger e impulsar las de tipo familiar frente a los proyectos de macrogranjas, que persiguen objetivos puramente economicistas.
En clave positiva, las explotaciones familiares afianzan población en esas zonas rurales donde el descenso demográfico es cada vez más acusado, son respetuosas con el entorno y el medio ambiente -les va su existencia y continuidad en ello-, producen alimentos de contrastada calidad y generan tejido productivo en áreas en las que el impulso laboral resulta una tarea compleja por la falta de condiciones para ello.
Un buen número de dichas explotaciones familiares combinan ganadería extensiva e intensiva de manera natural y tradicional. Por ejemplo, una granja de vacuno de carne puede perfectamente pastorear sus ejemplares adultos en praderas exteriores y zonas boscosas, realizando una tarea sostenible de limpieza de sus comarcas y prevención de incendios, mientras sus crías pueden permanecer tiempo en dichas áreas, a la par que ser estabuladas para su engorde.
Por contra, las macrogranjas responden a criterios especulativos, no en vano sus impulsores son fondos de inversión y grupos industriales inspirados en el capitalismo salvaje, que solo aspiran al beneficio rápido sin importarles el coste que ello conlleva. Su impacto socioeconómico y medioambiental es inasumible. Las expectativas laborales que prometen siempre son inferiores al número de puestos de trabajo que destruyen entre las ganaderías familiares.
Los purines y estiércoles bien aplicados son los mejores fertilizantes que hay para la tierra. El abono químico abona y contamina, el estiércol y el purín únicamente abonan. Está claro que es mucho más fácil gestionar correctamente el estiércol y purín provenientes de una ganadería pequeña o mediana, que de una macrogranja.
La única forma de acabar con estos macroproyectos industriales -que nada tienen que ver con el sector primario- es mediante una precisa regulación normativa del volumen de las granjas, estableciendo un límite en el número de cabezas de ganado. Navarra ha sido pionera en este apartado, pero debe mejorar la legislación actual para que no haya resquicios que permitan que instalaciones de ese tipo dupliquen su capacidad, tal y como ha ocurrido con la granja de Caparroso vía judicial.
Que se imponga uno u otro modelo dependerá en gran medida del consumidor, de su elección cuando llena la cesta de la compra. Debe saber que el mantenimiento de una ganadería que oferte productos de calidad, sea sostenible con el medio natural y priorice el bienestar animal tiene un coste más elevado que repercutirá en el importe final.
En esta misma línea, resulta primordial consumir alimentos acogidos a las denominaciones de origen e indicaciones geográficas protegidas, de las que en Navarra disponemos en gran número y destacan por su calidad y reconocimiento a nivel internacional. Es el precio que hay que pagar si queremos ser coherentes con nuestra propia salud y la del planeta.
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