“El colectivo de presos de ETA ha pedido a sus fans que se abstengan de hacerles recibimientos públicos”

Actualizado el 06/12/2021 a las 10:57
El colectivo de presos de ETA ha pedido a sus fans y allegados que se abstengan de hacerles recibimientos públicos al salir de la cárcel. A partir de ahora estas manifestaciones de júbilo tendrán lugar en casa, con lo que la calle recuperará algo de la decencia que perdía cada vez que sonaban los txistus en honor de un asesino. Es una buena noticia, y así lo han hecho saber las asociaciones de víctimas. Hasta ahí el análisis humano del comunicado de los presos. En cuanto al análisis político, la cosa se complica un poco más, como sucede siempre que alguien de la izquierda abertzale se pronuncia sobre temas relacionados con el terrorismo y sus inagotables secuelas. Abre la boca Arnaldo Otegui y somos todo oídos. Habla Arkaitz Rodríguez y ponemos en funcionamiento los más sutiles dispositivos del comentario de textos. La culpa del lío no cae solo de ese lado. Hay una tendencia consolidada a poner a la izquierda abertzale pruebas de límites, listones que debe superar para no se sabe muy bien qué, a lo que el portavoz de turno responde generalmente con las armas elusivas del lenguaje, bien sea la reticencia, bien el eufemismo, según convenga en cada caso. El juego se ha ido refinando de tal manera que cualquier declaración de la izquierda abertzale, por insignificante que sea, puede adquirir la dimensión de “paso trascendental para consolidar el nuevo tiempo en que vivimos” y “aportación enorme a la reconciliación y la convivencia”, como ha destacado esta vez la diputada Aizpurua desde la tribuna del Congreso. Si eso dicen de algo tan elemental como el cese de los dichosos ongietorris, qué hipérboles no tendrán reservadas para cuando toque pedir perdón (está al caer) o la estrategia recomiende conjugar de una vez por todas el verbo ‘condenar’ (tardará más, pero acabará pasando). No hay nada como dedicarte a cometer barbaridades a destajo. El día que decidas dejar de hacerlo y comportarte como la gente normal te considerarán un benefactor, un dechado de abnegación y de altura de miras. Y estarás en condiciones de exigir una nueva recompensa a cambio de tu generosidad, que es de lo que en definitiva se trata.