“Debemos preparar a los alumnos para los riesgos del totalitarismo digital que viene avanzando”.

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Roberto Cabezas

Publicado el 04/12/2021 a las 06:00

La crisis sanitaria nos ha situado ante la dura realidad de nuestros límites, aunque a veces se nos olvide y creamos ser más fuertes, resistentes a todo y eternos. Somos seres vulnerables y finitos, finalmente. Nuestra sociedad avanza a una velocidad descontrolada y parece ignorar los límites. Esas prisas produjeron esta invasión viral, en alguna medida. Pienso que este virus es un pequeño gran mensajero. Y todo esto que nos está tocando vivir nos obliga a volver a responder las preguntas fundamentales, ¿por qué estoy aquí? ¿Tiene sentido mi vida?

Esta pandemia me ha hecho reflexionar muchas cosas. En el mundo de la educación estamos volviendo a apreciar la presencialidad física. Nosotros en la Universidad, desde luego. Este tiempo me ha servido para darme cuenta del valor del verdadero encuentro y el diálogo que se pueden suscitar. No basta con tener a los estudiantes sentados en una clase. Hay que volver a caminar y a conversar, como lo hacían Sócrates, Aristóteles y tantos otros. Abrir las puertas de la educación al entorno, la naturaleza, la ciudad, al mundo. Y enseñar a ser usuarios críticos de internet o de las redes sociales. Preparar a los alumnos para los riesgos del totalitarismo digital que viene avanzando. El mundo digital no da espacio a esa pausa. Exige, apremia. Todo es inminente y urgente. Esta experiencia está condicionando nuestra visión del mundo, y sus consecuencias pueden ser tan considerables que escapan a nuestra imaginación.

Invito a repasar a Gabriela Mistral, la poetisa chilena, Premio Nobel de literatura en el año 1945. Sus reflexiones pedagógicas siguen siendo muy inspiradoras y actuales. Nos enseña el papel de la belleza en la educación, el hacer de cada hora de clase una obra de arte, y este imperativo: “Ama. Si no amas, no enseñes”. Volver a recuperar la poesía en el acto de educar, no marcar el paso, no dejarse vencer por la amargura y el desencanto. ¡Qué ilusionante, qué épico!

Este tiempo de pandemia ha vuelto a colocar a la familia en el centro. Es mucho lo que podemos hacer como padres, a pesar de nuestras limitaciones, cansancios y obligaciones. Allí se juega una parte muy importante de la educación. Pero no se trata solo de hacer los deberes, sino de descubrir oportunidades de diálogo profundo, de ritos, como el de leer por las noches un cuento con nuestros hijos. No podemos dejar que los ritos se extingan y no podemos dejar de enseñar el asombro y el amor por la vida. Que nuestros hijos se inspiren con nuestras ganas de vivir, soñar, cambiar el mundo en lo que está mal y proteger lo que está bien. Ser padres en estos tiempos supone un reto fascinante, es como una password de seguridad ante un futuro realmente incierto y muy desconcertante.

Pienso, además, que en estos tiempos de desacralización del mundo, tiempos donde la técnica parece haber arrinconado a las humanidades y es el centro de nuestra sociedad, tiempos en que todo se convierte en flujos vertiginosos de información (a veces falsa) y el algoritmo es el nuevo logos que lo dirige todo. Leer a Gabriela Mistral, la poeta con los pies bien puestos en la tierra, es una manera de resistir. Resistir a esta especie de paranoia digital en curso que parece llevárselo todo, incluida nuestra forma de relacionarnos, de ver el mundo y desde luego de educar.

No es cuestión de montar pizarras digitales, de comprar portátiles o tablets. Se trata de identificar, diseñar e implementar planes de desarrollo de acción educativa, para introducir contenido y aprendizaje que aporte otros conocimientos, proporcione otras experiencias. Que nuestros niños y jóvenes adquieran nuevas competencias y habilidades y puedan aproximarse a este conocimiento de manera más lúdica y atractiva para desarrollar el pensamiento crítico, la inteligencia colectiva (sumar conocimientos al de otras personas) y la capacidad de juicio ante determinadas situaciones o informaciones.

La técnica, cuando deja de ser medio o instrumento y comienza a modificar radicalmente la vida, deja de ser neutra y, entonces, ahí debemos tomar postura. Hoy, más que nunca, las humanidades, la filosofía, la poesía, el pensar meditativo, el amor por la palabra viva, las artes son fundamentales, como contrapeso al dominio absoluto de un pensar calculante desbocado. No necesitamos más conocimiento sino más sabiduría. Repensar la educación para que vuelva a tener sentido en este mundo donde la intoxicación virtual masiva nos puede asfixiar.

Roberto Cabezas Ríos Director de Fundación Empresa y Career Services de la Universidad de Navarra

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