Opinión
Raffaella pone el cielo patas arriba
Actualizado el 06/07/2021 a las 10:24
Ahora que la reivindican las feministas, los transexuales, los políticos y muchos artistas..., ahora que todos coinciden en subrayar el papel de Raffaela Carrà como diva de la televisión, del baile y estrella del espectáculo... Ahora que sabemos que Carrà era una infatigable trabajadora que cantaba, bailaba y hablaba español con nivel suficiente como para dirigir una Oficina del Idioma. Ahora que se recuerda que votó alguna vez al Partico Comunista, que defendía sin etiquetas la libertad de la mujer y se atrevía con canciones reivindicativas en los setenta que sonrojaban a algunos y sintonizaban con muchos otros. Ahora que se nos ha muerto una de las grandes, confieso que de todas sus capacidades, Raffaela Carrà destacaba en la enorme cualidad de difundir la alegría: Raffaela era la reina en esa materia.
Sonaban los acordes de cualquiera de sus canciones y el público se ponía a bailar. Lo mismo en la boda, en la verbena del pueblo o en la discoteca. Su música, frente a defensores y detractores, proyectaba una alegría irrefrenable, sencillamente imparable. Como si detrás de Caliente, Fiesta, Lucas, Explota, Qué dolor o Hay que venir al Sur hubiera un motor que te empujara a la pista con una fuerza imparable. Carrà sabía cantar, bailar en mallas o entrevistar a la madre Teresa de Calcuta paradigma de la humildad vestida de diva y con lentejuelas y svaroskis. Un periodista italiano valoró en más de una ocasión lo mucho que aportó al feminismo. Será importante. Pero en años grises Raffaela Carrà trajo luz, sensualidad, culto a la diversión y sobre todo alegría. Era tan elegantemente osada que convertía en natural el atrevimiento. La imagino sencillamente cantando Fiesta, por ejemplo, en el lugar al que ahora mismo ha viajado y poniendo el cielo patas arriba. DEP
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