Opinión
"A ambos les tocó la bola negra, los mató el odio desatado en cada bando, que no les perdonaba"
"El inquieto Aizpurúa estudio arquitectura, se unió pronto a movimientos de renovación racionalista, y frecuentó los círculos artísticos donde se juntaba gente que con el tiempo sería impensable"

Publicado el 08/11/2026 a las 17:01
En marzo del 36 -se ha recordado estos días, a cuenta de la película La bola negra- García Lorca visita San Sebastián invitado por Aizpurúa, un joven arquitecto, fiel representante de la vanguardia artística del momento, autor de pocas -no debió ser muy entendido por los donostiarras- pero interesantes obras, entre otras el reconocible Club Náutico, junto al puerto, que parece un barco varado. Lorca y Aizpurúa se conocían de Madrid, de la Residencia de estudiantes. El inquieto Aizpurúa estudio allí arquitectura, se unió pronto a movimientos de renovación racionalista, y frecuentó los círculos artísticos donde se juntaba gente que con el tiempo sería impensable. El propio Lorca, como es sabido, coincidía a veces con Jose Antonio. En San Sebastián Aizpurúa se había acercado al PNV pero salió corriendo: demasiado conservador, según dice y, como a muchos jóvenes, le cautivó la retórica exaltada del futurismo italiano y el falangismo.
Fue uno de sus líderes en San Sebastián, y reunió también un grupo de escritores y artistas en torno a la revista Gu. De su mano vino a SS, por ejemplo, Picasso. Esto es hoy una memoria escondida. Aquel marzo, Lorca y Aizpurúa pasearon por la ciudad y se citaron con Gabriel Celaya, el poeta comunista, que no quiso hablar con Aizpurúa, y fue Lorca quien le afeó que le hubiera tratado así. Dicen que si entonces Lorca se hubiera ido a Biarritz, como le recomendaron, se hubiera librado de la muerte. Pero la parca le esperaba pronto en Granada. La misma suerte tuvo Aizpurúa, recluido en la cárcel Ondarreta por el Frente Popular, sacado y fusilado a comienzos de septiembre, en aquel verano sangriento, tal como lo llamó Gortazar, como sucedió también con Víctor Pradera y su hijo. Parece que Aizpurúa también era homosexual, como Lorca. A ambos les tocó la bola negra, los mató el odio desatado en cada bando, que no les perdonaba. Hay que votar para que no vuelvan los días de la bola negra, he oído a uno de nuestros actores de guardia. Pues eso, que no vuelva la bola negra, ninguna, que no lo consintamos.