Editorial
Un adiós tardío y lleno de interrogantes
Las medidas para reforzar la seguridad y reducir la saturación viaria tras Urda constatan que la línea operaba al límite: la revisión estructural importa ahora más que la necesaria dimisión de Puente

Publicado el 04/11/2026 a las 05:00
Resulta ineludible elevar el rigor de los protocolos en la alta velocidad y recuperar la calidad del servicio ferroviario, sumido en una profunda crisis de confianza por la repetición de catástrofes en las vías. Pero esa urgencia exige respuestas estructurales eficaces. Mejoras que vayan más allá de la tardía dimisión de un ministro de Transportes que llevaba meses políticamente amortizado. Esas dos claves -reforzar la fiabilidad de la red y depurar responsabilidades- marcaron la doble sesión que protagonizó este martes Óscar Puente.
Tras el Consejo de Gobierno, defendió la revisión del modelo, en una enmienda al funcionamiento de la infraestructura. Por la tarde, en una comparecencia maratoniana ante la Diputación Permanente, constató su soledad política, únicamente sostenido por su partido y Bildu, y dejó para el final el anunció de su dimisión. Una suerte de golpe de efecto con el que cierra su etapa el ministro más polémico del sanchismo. Un adiós necesario y completo —tampoco irá en las listas para las generales—del ariete en redes del PSOE y de un dirigente marcado por sus tics soberbios.
Al final, la tragedia de Urda ha llevado a Puente a poner en cuestión partes sustanciales de la alta velocidad para intentar reforzar la prevención y las alertas: la frecuencia de los trenes en la línea Madrid-Sevilla, que podría ver reducida drásticamente el número de viajes tras haber encadenado dos colisiones que suman más de un centenar de fallecidos; la vigilancia del sistema, que incorporará dobles controles y la ayuda de la IA; y la estabilidad de los trabajadores, situados en el disparadero por la influencia del fallo humano en el choque. Incluso, el ministro mostró recelos sobre la liberalización, que ha disparado la ocupación de la vía desde la entrada en acción de Ouigo en 2021 y, un año después, de Iryo en competencia con el AVE.
El Gobierno ha pasado de presumir de la “mejor red de alta velocidad del mundo” a poner en entredicho la carga de las vías, la seguridad laboral y los horarios comerciales, lo que certifica la vulnerabilidad del modelo. Admitir ahora que la alta densidad y los turnos de los operadores comprometían la seguridad equivale a reconocer que el sistema operaba al límite. Un cargo público que acumula en su mochila dos accidentes con un balance tan dramático debía asumir que no podía seguir al frente del Departamento y tampoco de una lista electoral al 29-N. Por respeto a las víctimas, pero también al electorado. Y así lo ha entendido, por fin, el propio Óscar Puente.