Opinión

Política atacante e hiperbólica

"Las arremetidas entre las siglas superan con creces las propuestas de interés, generando un ruido ensordecedor en el que es imposible discernir mensajes constructivos"

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Editorial DN

Publicado el 26/10/2026 a las 05:00

La polarización ha sido la tónica dominante durante toda la legislatura, y los principales partidos políticos de nuestro país han decidido continuar por la misma senda hasta el próximo 29 de noviembre. Basta seguir las comparecencias públicas de los líderes y sus primeros espadas para entender lo que le espera a la ciudadanía hasta el domingo electoral. Este fin de semana se han vuelto a vivir varios ejemplos. Son tiempos de una política atacante e hiperbólica, en los que las arremetidas entre las siglas superan con creces las propuestas de interés, generando un ruido ensordecedor en el que es imposible discernir mensajes constructivos. Lejos de cambiar el marco de actuación, el adelanto electoral anunciado por Pedro Sánchez el pasado 5 de octubre, ha sacudido los cuarteles generales de los partidos en la búsqueda de movilizar a los votantes. Especialmente en un PSOE que sabe que tiene poco que perder. 

El problema es que en demasiadas ocasiones están recurriendo al simplismo discursivo, a la descalificación y al uso zafio de las nuevas tecnologías en el afán por zaherir al adversario político. Y siguen olvidando que los ciudadanos esperan escuchar las propuestas que puedan ayudar a superar algunos de los que se han señalado como sus principales problemas, y que necesitan de amplios acuerdos y consensos. Empezando por el de la vivienda, que se ha encarecido en trece años casi cuatro veces más que los salarios, y que hace mucho tiempo que es señalada por una parte importante de la sociedad como uno de sus desvelos esenciales. Sobre ese escalón ha buscado Pedro Sánchez auparse para tratar de fagocitar a su izquierda y reducir su distancia con PP y Vox, que hoy superarían por mucho la mayoría absoluta. El riesgo para unos y otros, también para Núñez Feijóo, es que en su afán desmedido por la consecución del voto abandonen definitivamente el debate de las ideas, se dañe el prestigio de las instituciones y se termine por consolidar una peligrosa desafección ciudadana hacia la política. Un camino que no beneficia a nadie y abre la puerta a los populismos.

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