Opinión

"Hay grupos que actúan como una policía ideológica, una especie de Gestapo callejera que pretende decidir quién puede hablar y quién debe marcharse"

"Si discrepas, puedes acabar agredido, como en Berriozar, o encontrarte con quienes pretenden impedir por la fuerza que alguien se exprese, como en Pamplona"

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Álvaro Bañón

Publicado el 21/10/2026 a las 19:00

Nos llevan años vendiendo que Navarra ha recuperado la normalidad, que aquí disfrutamos de una convivencia ejemplar y que la crispación es cosa de Madrid. Pero, ¿qué normalidad es esa? Lo sucedido en Pamplona durante la visita de Vito Quiles me ha recordado a la paliza de Berriozar y a aquella Navarra de los noventa en la que unos señalaban, otros golpeaban y muchos miraban hacia otro lado. “No te metas, por si acaso”, aconsejaban. Parece que aquí hay normalidad siempre que pienses, hables y te comportes como determinados grupos quieren. Mientras no te salgas del guion, todo estupendo. Si discrepas, puedes acabar agredido, como en Berriozar, o encontrarte con quienes pretenden impedir por la fuerza que alguien se exprese, como en Pamplona. Eso no es convivencia: es una paz condicionada a la obediencia. Y cuando uno debe medir lo que dice para evitar problemas, no hay normalidad ni convivencia. Hay miedo. No me gusta el estilo de Vito Quiles y tampoco comparto muchos de sus mensajes. ¿Iría a escucharlo? No. ¿Me manifestaría para defender su derecho a expresarse pacíficamente? Sin dudarlo. La libertad de expresión consiste precisamente en defender los derechos de quienes nos irritan. ¿Es tan complicado entenderlo? En Pamplona parece que sí. 

Hay grupos que actúan como una policía ideológica, una especie de Gestapo callejera que pretende decidir quién puede hablar y quién debe marcharse. No son la Delegación del Gobierno ni los tribunales. Son unas camisas negras que se proclaman antifascistas mientras utilizan la intimidación para imponer sus reglas. Se puede protestar contra Quiles, criticarlo, responderle con otra concentración o directamente, no ir. O puedes querer ir a escucharle. Lo que no se puede es convertir la discrepancia en licencia para amenazar, destrozar la ciudad o impedir por la fuerza que alguien se exprese. “Es que viene a provocar”. Ah, y cuando viene Arnaldo Otegi, con antecedentes penales por secuestro en ETA, ¿no provoca a nadie? Cuando la Korrika recorre nuestras calles y aparecen imágenes de asesinos de ETA que son un insulto para las víctimas ¿No provoca a nadie? Pero cuando aparece alguien (sin antecedentes penales) con un megáfono y dice algo que no gusta, viene a provocar y hay que sacudirle. Qué jeta. Así que por favor, no me vendan la milonga de la provocación. 

Como siempre, lo peor no son los violentos. Son quienes, desde la política o desde determinados medios, presentan al presunto provocador y a quienes protagonizan los disturbios como si fueran dos caras equivalentes del mismo problema. Me gustaría que el PSN y esos medios explicasen dónde sitúan la frontera entre una opinión desagradable y una piedra lanzada contra un policía. Y condenar la violencia con un “pero” detrás vacía de contenido la condena. Los dirigentes del PSN parecen olvidar algo: quien hoy se arroga el derecho a silenciar a unos mañana decidirá silenciar a otros. La intolerancia no respeta alianzas parlamentarias ni agradece a los pagafantas que miraron hacia otro lado. Les tocará también a ellos sí o sí. Y todavía habrá quien presuma de que aquí no existe la crispación de Madrid. No, qué va. Multiplicada por tres. La convivencia no consiste en que unos hagan lo que quieran y los demás procuren no molestar. La verdadera normalidad empieza cuando nadie tiene miedo de expresar lo que piensa.

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