Opinión

"Quiero hablarles hoy de otra marca ortográfica menor, quizá la más minúscula de todas: el punto final"

"Cómo es posible que en estos intercambios salga malparado el que respeta la norma ortográfica, mientras que quien la vulnera se sitúa en el lado correcto de la comunicación"

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Jose María Romera

Actualizado el 16/10/2026 a las 20:14

A veces las grandes tensiones sociales se proyectan en pequeños campos de batalla. Ocurrió con la ortografía, cuando algunos escritores convirtieron las tildes de los demostrativos y en el adverbio "solo" en credenciales de patriotismo. Una controversia gráfica de poca monta acabó creando dos bandos poco menos que irreconciliables cuyos combatientes más tercos aún siguen en sus trece. De aquello sacamos la lección de que no hay signo inocente, por humilde que sea, cuando se carga de peso moral. Quiero hablarles hoy de otra marca ortográfica menor, quizá la más minúscula de todas: el punto final. Precisemos: el que cierra los mensajes de wasap. Según un estudio de 2025 entre estudiantes estadounidenses, solo una cuarta parte acostumbra a usarlo en sus comunicaciones. Y parece ser que en todo Occidente omitir el punto es una convención general de escritura, sobre todo entre los jóvenes, en el sentido más elástico de la categoría; es decir, los menores de sesenta. Es aquí donde aparece el conflicto identitario. Usar el punto o no usarlo ya no es cuestión de atención o descuido, de calma o prisas. 

Es una marca que separa a los ‘boomers’ de los ‘millennials’ y los que vienen detrás. No solo separa: también condena. Hecho el preceptivo trabajo de campo y consultadas las fuentes mejor informadas, uno ha llegado a la conclusión de que la reprobación social recae sobre el que escribe correctamente. Tanto es así que hay quien se mosquea ante un wasap acabado en punto. Para unos, el punto final es una señal de distanciamiento. Otros lo reciben como un corte seco, un desafío, un toque de arrogancia. Y los hay incluso que se sienten profundamente ofendidos. Si la conversación se da entre varios, quien da la nota no es el que prescinde del punto, sino el que lo pone: se interpreta que al hacerlo está desafiando las convenciones del grupo. Y si es entre dos, corre el riesgo de parecer irónico, o borde, u hostil. Mal rollo, en cualquier caso. Habría que preguntarse cómo hemos llegado a esto. Cómo es posible que en estos intercambios salga malparado el que respeta la norma ortográfica, mientras que quien la vulnera se sitúa en el lado correcto de la comunicación. Pero la cortesía en la escritura (¿y qué es la ortografía sino un código de buenas maneras?) ya se rige por otras reglas. Cosas del progreso digital. Seguro que la sabia IA tiene la explicación. 

 

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