Opinión
Navarra no necesita decrecer
"Mientras otros territorios se esfuerzan por ganar posiciones, nosotros no podemos permitirnos el lujo de debatir cómo producir menos"

Publicado el 11/10/2026 a las 05:00
Antes de las vacaciones estivales el Parlamento de Navarra rechazó una moción que instaba al Gobierno foral a desarrollar, en el plazo de doce meses, una Estrategia Foral de Políticas de Decrecimiento. Lo que se planteaba no era una medida concreta ni una reforma sectorial. Se proponía algo mucho más profundo: asumir que una reducción deliberada de la actividad económica puede constituir una estrategia deseable para el futuro de Navarra. La iniciativa, presentada por Contigo-Zurekin, únicamente contó con el apoyo de EH Bildu. Votó en contra el resto del arco parlamentario. El decrecimiento parte de una preocupación legítima. Existe una inquietud creciente por la sostenibilidad ambiental, por el consumo de recursos naturales y por las consecuencias que determinadas actividades económicas pueden tener sobre el entorno. Son cuestiones relevantes que merecen atención y respuestas eficaces. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), distintas legislaciones nacionales e internacionales… y hasta una encíclica… van en esa línea.
Sin embargo, una cosa es apostar por un crecimiento más sostenible y otra muy distinta convertir el empobrecimiento económico en un objetivo político. Porque, en esencia, eso es lo que implica el decrecimiento. Menos producción, menos inversión, menos consumo y menos actividad económica. Sus defensores suelen presentar esta reducción como un camino hacia una sociedad más equilibrada y más feliz. El problema es que la experiencia histórica muestra precisamente lo contrario. Las sociedades que han conseguido mejorar sus condiciones de vida, reducir la pobreza, ampliar los servicios públicos y proteger mejor el medio ambiente han sido aquellas que han generado más prosperidad, no menos. La historia económica de los dos últimos siglos es, en gran medida, la historia del crecimiento. Gracias a él la esperanza de vida se ha multiplicado, la mortalidad infantil se ha desplomado, el acceso a la educación se ha universalizado y cientos de millones de personas han abandonado la pobreza. Los países que hace apenas unas décadas eran sinónimo de atraso económico han logrado progresos extraordinarios gracias a la inversión, la innovación, la educación y la apertura económica. Y eso es prosperidad.
Resulta significativo que las teorías del decrecimiento apenas encuentren eco en los países pobres. Allí las prioridades suelen ser otras: crear empleo, atraer inversiones, aumentar la productividad y mejorar las condiciones materiales de vida. Como señalaba el economista Carlos Medrano en estas mismas páginas, resulta difícil explicar las ventajas del decrecimiento a quienes todavía aspiran a salir de la pobreza. La libertad de elegir cómo vivir exige antes unas condiciones mínimas de prosperidad. En contra de las predicciones malthusianas, el crecimiento económico no siempre conlleva consumir más recursos. La riqueza se genera cada vez más mediante el conocimiento, la tecnología, la innovación y la productividad. Una empresa que desarrolla una nueva solución tecnológica, una industria que automatiza sus procesos o un centro de investigación que genera avances científicos crean valor sin necesidad de multiplicar proporcionalmente el consumo de materias primas. La clave no es producir menos, sino producir mejor. Y precisamente ahí debería situarse el debate navarro.
Navarra afronta desafíos importantes. La industria atraviesa una etapa de incertidumbre. La inversión empresarial ofrece señales preocupantes. La captación de proyectos estratégicos sigue siendo insuficiente. La productividad crece menos de lo necesario. El envejecimiento demográfico tensiona nuestro mercado laboral y nuestros servicios públicos. Cada vez más informes y expertos alertan sobre el riesgo de que otras regiones estén avanzando más deprisa que nosotros. Ante este panorama, resulta difícil defender que la respuesta consiste en decrecer. Lo que Navarra necesita es reforzar su crecimiento y competitividad. Necesita atraer empresas, talento e inversión. Necesita facilitar la actividad económica, impulsar la innovación y fortalecer su tejido industrial. Necesita mejorar sus infraestructuras, agilizar procedimientos administrativos y generar un entorno favorable para quienes quieren emprender, invertir o desarrollar aquí un proyecto empresarial, con una fiscalidad atractiva que permita recaudar lo necesario sin desincentivar las inversiones.
La prosperidad sigue siendo un factor decisivo para el bienestar de las personas Y los empleos, los salarios, las oportunidades profesionales, la financiación de los servicios públicos y la capacidad de innovación dependen de una economía dinámica y competitiva. Por supuesto, eso no significa ignorar los retos ambientales. Navarra debe avanzar hacia una economía más sostenible. Debe impulsar la transición energética, favorecer la eficiencia, fomentar la innovación tecnológica y proteger su patrimonio natural. La verdadera elección no es entre crecimiento y sostenibilidad. Esa es una falsa disyuntiva. La elección real es entre una Navarra próspera, capaz de competir, atraer talento, generar riqueza y financiar unos servicios públicos de calidad o una Navarra resignada al estancamiento. Mientras otros territorios se esfuerzan por ganar posiciones, nosotros no podemos permitirnos el lujo de debatir cómo producir menos. Nuestro reto consiste en producir mejor, innovar más y competir con mayor eficacia.
José Ramón Lacosta Aznar. Presidente del think tank Institución Futuro.