Encuentros de Pamplona

Robert N. Proctor, historiador de la ciencia:“Las tabacaleras gastan mucho en ciencia, pero para quitarse la culpa”

Asevera que nos encontramos en la edad de oro de la ignorancia, en buena parte gracias a industrias poderosas que ayudan a producirla

Robert N. Proctor, fotografiado este sábado en Baluarte.
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Robert N. Proctor, fotografiado este sábado en Baluarte.SERGIO MARTÍN
Robert N. Proctor, fotografiado este sábado en Baluarte.

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Jesús Rubio

Publicado el 11/10/2026 a las 05:00

No hace falta preguntar mucho a Robert N. Proctor (Texas, EE UU, 1954) para que construya su discurso. Historiador de la ciencia, azote de la industria tabacalera, contra la que testificó ante un tribunal, engarza una denuncia tras otra, en el marco de lo que llama la agnotología, el estudio de la ignorancia y de cómo se genera a propósito. De ello habló ayer en los Encuentros de Pamplona, en una intervención que tituló La edad de oro de la ignorancia.

¿Por qué estamos en la edad de oro de la ignorancia?

Hay dos razones principales. En primer lugar, el auge de los hombres fuertes a nivel global, como Trump. En segundo, por una especie de nacionalismo internacional que está en auge. Todo eso está centrado en una ética de abuso, y eso es el triunfo de la ignorancia. Otro elemento son Internet y las redes sociales. La ignorancia puede viajar mucho más rápido que antes. Se generan burbujas: podemos quedar atrapados en una ideología o un espacio donde, por el sesgo de confirmación, se refuerzan constantemente las ideas. Yendo a una perspectiva más sociológica, se puede decir que Trump fue creado por las tabacaleras y petroleras.

¿Cómo?

Esas dos industrias, en los años 80, crearon el Tea Party, un movimiento para no tener que pagar impuestos sobre el carbono ni sobre el tabaco. Instigaron todo un movimiento social. Esas dos grandes industrias han jugado un papel muy importante en la victoria de Trump, son sus contribuyentes. La industria del plomo, el amianto e incluso la del juego, como llaman a apostar, copian las técnicas que han utilizado las otras industrias. Tienen muchísimo dinero; pueden financiar estudios académicos y a periodistas.

¿Es lo que hizo la industria del tabaco?

La industria tabacalera desvió los esfuerzos de investigación en los Estados Unidos para centrarse en mecanismos dentro del cuerpo humano. Si tú te enfermas y tienes cáncer de pulmón, es porque has elegido fumar, porque tienes mutaciones en tus pulmones, por fallos en tus antecedentes genéticos, no tiene nada que ver con lo que hizo Philip Morris (propietaria de marcas como Marlboro). La industria tabacalera financió todo un campo de estudios académicos para ubicar toda la causalidad en el cuerpo humano. Es algo muy inteligente, porque parece muy científico. Convencieron de que el hecho de que los cigarrillos causan cáncer no es científico, sino una opinión política. Por eso cuando Nixon lanzó su guerra contra el cáncer, no se hablaba de los cigarrillos, cuando causan una tercera parte de todos los cánceres. Buscan la individualización e invisibilización.

¿Cómo funcionan?

Descomponiendo la epidemia en elecciones personales. Lo mismo están haciendo las petroleras. British Petroleum promocionó la noción de la huella de carbono para que nos centremos en qué bombillas tenemos, en qué tenemos que reciclar, en lo que podemos hacer a título individual contra el cambio climático. Philip Morris aduce que ellos no fuman los cigarrillos, solo los venden. Es el individuo que tiene la culpa. Las industrias tabacaleras y petroleras quieren mover la causa aguas abajo, cerca de lo individual. Nosotros, los críticos, queremos moverla aguas arriba., ir a las sedes de las corporaciones. Hay más estrategias.

¿Cuáles?

El greenwashing, el wokewashing, ser políticamente correcto para esconder lo que estás haciendo. Si vas a las páginas web de estas empresas, siempre hay una persona de color, una blanca, un miembro del pueblo indígena, vienen a decir que son superdiversos. Y esta el futurewashing, que promete que van a solucionar eso en el futuro. “Tranquilos, lo estamos solucionando, gestionándolo”, pero eso nunca llega. El apoyo que dan a la ciencia es una parte muy importante. Nadie ha amado a la ciencia jamás, tanto como Philip Morris, siempre que la ciencia les quite la culpa, traspasando la culpa al individuo. Financian un montón de ciencia, millones y miles de millones de dólares, para crear un efecto halo. Se muestran como ciudadanos corporativos responsables. Las tabacaleras británicas inventaron la responsabilidad corporativa social. ¿Para qué? Para quitarse la culpa de encima.

¿Cómo puede una persona de la calle darse cuenta de estas estrategias?

Tiene que abrir los ojos, ver todo con suspicacia. Claro que cuando las tabacaleras y las petroleras están financiando a académicos, genera falta de confianza en el mundo académico. ¿Por qué confiarnos? ¿Por qué voy a creer? Esa es la base del negacionismo con las vacunas y todo lo que pasó durante la pandemia, cuando se dijo que quizás en China estaban construyendo un bioarma, que se escapó del laboratorio,.

¿Con versiones contradictorias, unas interesadas otras no, no cabe el riesgo de que a la gente le acabe dando todo igual?

No lo sé muy bien. La esencia de la campaña del negacionismo con el tabaco fue negación, distracción y engaño. Las tres D, por como comienzan esas palabras en inglés. Luego vino el ‘delay’, que es retraso. En un documento de 1972 las tabacaleras dicen que saben que van a perder, pero que intentan aplazar ese momento de pérdida. Cada año que podemos retrasarlo, van a seguir haciendo dinero. Cada año que retrasamos la solución, el problema empeora.

¿Qué papel puede jugar en esto una tecnología tan nueva como la inteligencia artificial?

La IA, como todas las herramientas, tiene potencial y tiene un peligro. Utiliza muchísima electricidad. También es capaz de generar alucinaciones de naturaleza totalmente nueva. Hay algo que se llama el programa ‘perdidos en la mitad’. ¿Por qué? Porque cuando una IA rastrea algo, coge el principio y el final, e ignora todo lo de en medio. Y está el hecho de que la IA te quiere complacer, que te quiere tanto que si te quejas también le encanta. Son un motor del sesgo de confirmación. Los usuarios están encantados y la gente hasta se está enamorando de sus IA. Luego ya va a llegar al estadio de los robots, vamos a tener amor por los robots. Todo eso tiene que ver con la pornografía,. Los hombres jóvenes no tienen relaciones sexuales como antes, porque buscan una figura idealizada. Lo llamo la agnotología de la pornografía. Pero hay más tipos de agnotología.

¿Por ejemplo?

La piroagnotología, ignorar la sabiduría de los pueblos indígenas acerca de los incendios. Solían quemar los bosques para reducir la cantidad de madera, pero tras 100 años de no quemar nada, tenemos bosques llenos de madera a punto de explotar. Los pueblos indígenas dicen que las decisiones se tienen que tomar con respeto a siete generaciones del futuro. Exxon y Philip Morris están preocupados por el año que viene. Por eso, la guerra contra el conocimiento, contra la ciencia, va contra la historia, contra las artes, contra la memoria. Trump, es una cita muy famosa, dice: yo nunca miro hacia atrás, nunca reconozco mis errores. Entonces, la sabiduría de la historia también se está perdiendo.

“El reto es cómo hacer ver las catástrofes que tardan años en notarse”

Proctor admite que siempre ha existido la adicción, por ejemplo al juego, pero ahora es mucho más fácil. “Puedes estar apostando con tu teléfono. Es fácil, no tienes que tener dinero para empezar”. En ese sentido, señala que la adicción se ha pervertido. “Las tabacaleras y las empresas alimentarias quieren decir que la adicción es el deseo, pero no. La adicción no es la satisfacción del deseo, sino la violación del deseo. Significa no tener elcontrol. Son genios estos motores de adicción, sean las redes, el juego, los cigarrillos, que invierten la esclavitud y la libertad. No hay nada más adictivo que la nicotina. Pero la industria te dice: ‘Mira, ¡Marlboro hace que un hombre sea más masculino, más libre”, señala el estadounidense, que apunta que “el tabaco es el único producto de consumo que la gran parte de los consumidores quisieran no consumir. Y también el único producto que mata más de la mitad de sus usuarios. Los números son diabólicos. En España, los cigarrillos matan 50.000 españoles todos los años. Por la individualización, la invisibilización, eso no se sabe. Por eso vivimos en un mundo de ignorancia. Y hay otro tipo de ignorancia”.

¿A qué se refiere?

Gran parte de los daños de la modernidad son insensibles. El plomo es dulce. Los romanos lo utilizaban para endulcorar sus comidas. Pero sus efectos no son inmediatos. Vienen más tarde. Los del azúcar también. O los de la radiación también. Nosotros siempre vemos las consecuencias más inmediatas: si algo te pica, algo te muerde, lo sentimos, percibimos la causa. Pero los daños modernos del plomo, del azúcar, la molécula del carbono…. Hemos tenido que estudiarlo muchos años para trazar una línea entre la causa y el efecto. Empiezas a fumar a los 12 años, pero mueres a los 55. Esa invisibilidad, esa separación de causa y efecto, ha ayudado a la industria tabacalera. Yo lo llamo la agnotología sensorial. Y hablo también de la agnotología conceptual

¿Qué significa?

Cuando hablamos de cifras tan grandes, 6 billones de cigarrillos, miles de millones, trillones, todos esos números son muy abstractos, difílciles de entender. Incitan a no preocuparse por eso. A los científico les culpo por utilizar analogías y metáforas que no son las más apropiadas para el tamaño de las catástrofes. Sobre el cambio climático, los científicos hablan de un calentamiento de dos grados, tres grados. Y Trump dice: ¿eso es una catástrofe? ¿De qué estáis hablando? Es parte del problema, el lenguaje . ¿Cómo podemos describir una catástrofe, conmover a las personas y evitar abrumarles para que digan que no hay nada que puedo hacer? No vemos el coral que se muere en los océanos, no vemos nuestros pulmones afectados por el tabaco. Es una pregunta muy interesante cómo podemos visualizar una catástrofe, cómo puedes hacer que sea algo inmediato. Es un reto para el periodismo, y para el mundo académico y la ciencia en general. ¿Cómo podemos hacer la ciencia para alarmar a las personas en su justa medida?

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