Opinión
"Visto el tono que va adquiriendo el discurso político en nuestros días, todo hace suponer que se nos avecina una campaña vibrante, de poca cabeza y mucha víscera"
"Para ellos ha llegado el momento de poner pies en pared. Para nosotros quizá sea el de ponerlos en polvorosa"

Publicado el 10/10/2026 a las 05:00
Circula últimamente por los foros públicos una frase hecha que anticipa bastante bien el tono de la campaña electoral que nos espera. Es "poner pie en pared", ya indispensable en cualquier discurso, réplica, apelación o denuncia con pretensiones. Por regla general, se dice con cara seria y en tono de aviso como equivalente del más popular "hasta aquí hemos llegado": así nos advierten de que es el momento de pasar a mayores, de tomar determinaciones firmes y actuar resueltamente ante una situación que a juicio del que habla ha adquirido unas dimensiones intolerables. Uno dice que hay que poner pie en pared contra la amenaza fascista, el otro amenaza con poner pie en pared frente a la corrupción, apunta otro que pondrá pie en pared para atajar las invasiones bárbaras, y el de más allá declara que es preciso poner pie en pared a los pisos turísticos. Una prueba de la transversalidad del modismo, más allá de las retóricas de tribu a las que estamos acostumbrados. Aunque a algunos les pueda parecer moderna, "poner pies en pared" es una frase con solera de siglos. Ya circulaba en el XVII, si bien lo hacía con los pies en plural. Quevedo se burlaba de la expresión y de quienes la usaban, diciendo que había probado a ejecutar la postura y había comprobado que solo servía para "trepar y dar de cogote".
Quizá a eso se deba que ahora nuestros tribunos la hayan puesto de moda en singular, con un solo pie, para mantener el otro en el suelo y evitarse así el descalabro. Pero yo diría que eso le quita parte de la firmeza que pretende mostrar. Y le priva también de gracia y de mérito: puestos a actuar con decisión, hagámoslo mediante acrobacias mayores, como se lanza el defensa leñero contra la tibia del rival, a la manera decidida y bronca que se estila en la conversación pública del momento. Si los vemos tantas veces al borde de llegar a las manos, ¿por qué no pasar directamente a los pies, que están más habituados al contacto con el fango? Visto el tono que va adquiriendo el discurso político en nuestros días, todo hace suponer que se nos avecina una campaña vibrante, de poca cabeza y mucha víscera, en la que los contendientes van dispuestos a darlo todo. Para ellos ha llegado el momento de poner pies en pared. Para nosotros quizá sea el de ponerlos en polvorosa.