Opinión
"De la camiseta pasamos al espray, el objeto que ella esgrimió desde su sitio con voz enérgica y gestos acusatorios. Más concretamente, un espray de gas pimienta"

Publicado el 25/09/2026 a las 19:22
Una cosa tienen en común partidos políticos y medios de comunicación: ambos tienden a sobrestimar la inteligencia de los ciudadanos. Por eso se empeñan en servirles versiones simplificadas, tirando a pueriles, de los asuntos palpitantes. Lo de Ceuta parecía haber alcanzado su cumbre filosófica cuando se tradujo a un conflicto de camisetas, pero se ve que aún había margen de mejora.
Fue una diputada del PP en el Congreso, Ana Vázquez, la encargada de darle otra vuelta de tuerca. De la camiseta pasamos al espray, el objeto que ella esgrimió desde su sitio con voz enérgica y gestos acusatorios. Más concretamente, un espray de gas pimienta como el que las escolares ceutíes deben de llevar en la mochila desde que se produjo la invasión. Ahí estaba todo el marco conceptual del caso.
Lo que para la mayoría sigue siendo un embrollo donde se entremezclan políticas fronterizas, problema migratorio, crisis humanitaria, tensiones diplomáticas, asentamientos de miseria, residentes desbordados y, en fin, caos multidireccional, en el fragor parlamentario quedó comprimido en un espray de defensa personal. El argumento de la seguridad nunca falla.
Lo que pasa es que la diputada lo manejó con cierta ambigüedad: primero se sirvió de él para sembrar la alarma, y después lo desactivó negando que fuese un arma y asegurando además que estaba vacía. Fue el momento cumbre de una sesión en la que las gradas de animación se mostraron entregadas. La de los populares bramaba como un solo hombre, con la excepción de un único hombre: Feijoo.
Ante aquel espectáculo con toda la grada de pie, el jefe de la oposición, hecho un Bartleby del hemiciclo, permaneció sentado, inmóvil, mimetizado con el escaño y mirando en gallego al horizonte mientras a su alrededor veía pasar el ridículo seguido del bochorno. Fue la nota discordante de una sesión intensa, de las que dejan huella en la historia.
No cabe duda de que el caso de Ceuta tendrá un antes y un después del espray. Luego, la vida en la Cámara volvió a su quietud habitual. Alguien recogió el bote por encargo de la diputada, fue al servicio y allí lo accionó para vaciarlo de verdad. El gas se propagó por los pasillos y causó doce intoxicados entre el personal y el público visitante. Nada grave. Daños colaterales de estas nuevas guerras híbridas, supongo.