Opinión
"En los recreativos que había junto al insti nos vendían cigarrillos sueltos. A 25 pesetas el Camel. Algo ilegal y 'mega guay' para unos niños que nos creíamos adultos"
En el abanico de peligros que acechan a cualquier padre de adolescentes, uno de los primeros puestos lo ocupa el riesgo de que se estrenen con la nicotina


Publicado el 24/09/2026 a las 05:00
En mi pueblo hay un hombre que vive sentado en un viejo banco donde fuma un piti tras otro. De él sólo sabemos que siempre lleva jersey marrón, hasta en verano, que le gusta estar con una pierna cruzada y que el humo que trasiega proviene de cigarros rubios. Y una vez le vimos comprar pan. Pero el resto, es un misterio. En casa le llamamos ‘El Hombre Que Fuma’ y mi santa y yo le utilizamos como campaña para evitar que los herederos se nos tiren al pozo del tabaco. Y funciona.
En el abanico de peligros que acechan a cualquier padre de adolescentes, uno de los primeros puestos lo ocupa el riesgo de que se estrenen con la nicotina. Se da el caso de que conocemos de primera mano las dependencias que crea y nos aterra que prueben ese veneno. Una ya perdió años de vida sacando volutas por la nariz. Otro — servidor — le cogió el asco suficiente tras iniciarse en la profesión rodeado de chimeneas. Podría jurar ante notario que si levantásemos el suelo vinílico de la redacción, en la vieja moqueta de debajo aún apesta a Ducados. Y Marlboro.
Justo al lado de donde para ‘El Hombre Que Fuma’ hay una marquesina de autobús. Tiene un cartel en el que sale una apetitosa fresa rojísima manando humo: su rotulito dice Vapear no es lo que parece. Es la nueva publicidad del Instituto de Salud Pública y Laboral de Navarra y con ella pretende concienciar a la chavalería del peligro del vaper. Porque ojito: casi la mitad de los estudiantes de 14 a 18 años ha vapeado alguna vez en su vida. Y el 36%, en el último año. La idea es desmontar mitos, como que el cigarrillo electrónico no crea adicción. Y vaya que sí. Detrás de esos juguetitos de colores hay bastante más que vapor de frutas. Y desde luego, no son inocuos.
Porque al final todo está ya inventado. Cuando empezaba a asomarme el bigotillo, en los recreativos que había junto al insti nos vendían cigarros sueltos. A 25 pesetas el Camel. Algo ilegal y mega guay para unos niños que se creían adultos. Ahora hacen eso mismo pero con un vaper fucsia de sabor watermelon. Una engañifla de la que huir como de la peste si no quieren acabar como ‘El Hombre Que Fuma’: varados en un solitario banco sobre una montaña gris de colillas.