Editorial
Donald Trump devora a la ONU
Víctima de la crisis del multilateralismo, la asfixia financiera y la falta de reformas, Naciones Unidas cede paso a un mundo moldeado en beneficio de Estados Unidos

Publicado el 23/09/2026 a las 05:00
La presencia de Donald Trump en la Asamblea General de la ONU propicia toda la atención a la que puede aspirar ya la reunión anual de Nueva York. Al mismo tiempo, las acciones del presidente de Estados Unidos añaden cada día un clavo en el ataúd de un organismo inoperante.
Ya no sólo para hacer cumplir los principios que llevaron a su fundación después de la Segunda Guerra Mundial, la resolución negociada de los conflictos y el respeto a la legalidad internacional. Tampoco para desempeñar un papel decisivo de protección y atención a los más vulnerables en los grandes conflictos de nuestros días.
La batalla sin cuartel contra el multilateralismo que lidera la Casa Blanca ahonda la crisis de unas Naciones Unidas que han perdido su capacidad de representar al mundo de 2026. Su órgano ejecutivo, el Consejo de Seguridad, sigue lastrado por el poder de veto que las grandes potencias se niegan a ceder. La presidencia del organismo camina hacia el relevo sin suscitar el más mínimo interés y la despedida de António Guterres no puede ser más triste. El llamamiento del secretario general a gestionar la inteligencia artificial en beneficio de la Humanidad no puede competir con un Trump que se divierte cambiándole el nombre a la IA y nada quiere saber de regulaciones porque solo pretende “ganar”, también en este terreno.
La Asamblea General prestó este martes su tribuna a otro mitin del republicano. Este foro concebido para el entendimiento comprobó que Washington sólo entiende el mundo en función de su propio beneficio. Y que la labor pacificadora que se atribuye Trump se reduce a una nueva amenaza de aniquilación a Irán, a falta de una salida viable a un conflicto que él mismo desató y ahora extiende una crisis de combustibles por todo el mundo. Contados son los dirigentes, entre los 130 presentes, que desafían siquiera de palabra el matonismo que contamina las relaciones internacionales. Y en cuanto a España, el cálculo interno guía la negativa de Pedro Sánchez a acudir al besamanos, así que no conviene cargar las tintas sobre su ausencia para no magnificar el gesto.