El rincón

El fracaso de Belate tumba el castillo de naipes

Tener que rescindir el contrato para desdoblar los túneles y retrasar las obras que son el talismán de la Legislatura es una enorme derrota política para María Chivite

La presidenta María Chivite y el consejero de Cohesión Territorial, Oscar Chivite, bromean tras finalizar una reunión en el Parlamento foral.
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La presidenta María Chivite y el consejero de Cohesión Territorial, Oscar Chivite, bromean tras finalizar una reunión en el Parlamento foralVillar López/efe
La presidenta María Chivite y el consejero de Cohesión Territorial, Oscar Chivite, bromean tras finalizar una reunión en el Parlamento foral.

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Miguel Ángel Riezu

Publicado el 19/09/2026 a las 19:00

La presidenta María Chivite asistía satisfecha el viernes al acto de salida del segundo modelo de coche eléctrico que fabrica VW Landaben. Una magnífica noticia para la Comunidad foral. Evidencia la eficacia de una planta pequeña para sacar adelante cuatro modelos al mismo tiempo y con dos tecnologías tan diferentes (dos eléctricos y dos de combustión), algo que puso de relieve el máximo representante de la marca. Que habla muy bien de la solvencia técnica de todo el equipo humano que lo hace posible, parte del legado de nuestro tejido industrial como también remarcaba en otro acto el consejero de Industria, Mikel Irujo. Y que es fruto, como tantas otras veces, del diálogo, del entendimiento entre empresa y sindicatos mayoritarios, y del apoyo, claro que sí, de la Administración foral.

Un todo que permite dejar colocada a la planta navarra en una estupenda posición frente a la tormenta china que amenaza la supervivencia del todo el sector automovilístico europeo. De hecho, Landaben ya ha recuperado los 5.500 empleos en estos momentos y no ha terminado de hacer nuevos contratos. Así que Chivite tenía motivos para la satisfacción. Unas horas de paz, un paréntesis, en el huracán que envuelve a a su Gobierno con las obras de Belate en el ojo.

El culebrón de Belate. Y es que el castillo de naipes ha acabado ya por derrumbarse. No había otra salida. La presidenta anunciaba el miércoles en el Parlamento que su gobierno va a rescindir el contrato con las empresas constructoras (Acciona y Osés) y licitar de nuevo unas obras que ahora, de momento, quedan paralizadas y se retrasan dos años. Ahí es nada.

El culebrón de Belate no es que no tenga fin. Es que sigue cayendo con estrépito por el barranco del caos. Nació muy mal. Con la adjudicación a la UTE Acciona-Servinabar, la misma que hoy investiga por presunta corrupción en diversas obras públicas la Audiencia Nacional y donde Santos Cerdán, antaño el gran hombre fuerte del aparato del PSOE, habría actuado como facilitador y (según la UCO) también como beneficiario. Él y sus familiares.

Añádase que según los papeles hallados por la UCO en casa de Antxon Alonso, Cerdán sería el dueño del 45% de Servinabar, algo que tendrá que ratificar el juez.

Incapacidad de gestión. Con estos antecedentes no es extraño que el foco se pusiera en Belate, la mayor obra en marcha hoy en Navarra. Y lo que ha salido a luz desde entonces pone los pelos de punta.

Desde las sospechas de los técnicos en la adjudicación;el varapalo de la Oficina Anticorrupción, o que la Intervención General se negara a pagar 8,5 millones de sobrecostes y que, al final, la Asesoría Jurídica le volviera a parar en seco al Gobierno en su último intento para pagar esos sobrecostes que ven fuera de la ley. En medio, el auditor de Comptos que ratificó que nada de aquello era legal y que sólo recibió un correctivo público de su presidente que le rebatió el informe.

No hablamos aquí de sospechas de corrupción (eso sólo lo decidirán los tribunales tras el estudio de la UCO), sino de una madeja enredada desde el primer día que evidencia, además, aguda incapacidad de gestión. Hablamos del empecinamiento de Obras Públicas, un departamento controlado políticamente por el PSN, por sacar adelante los sobrecostes de las obras con procedimientos fuera de cobertura legal. El último pulso con el Interventor General (responsable de la legalidad de los gastos) lo conocíamos ayer desgranado por el trabajo periodístico de los profesionales de esta casa. Un suma y sigue que deja sin palabras. Ojo, recordemos que el Interventor General es un cargo político designado libremente por el Ejecutivo de Chivite no un funcionario afiliado a UPN.

Cortinas de humo. Y es que el alto cargo acusa a Obras Públicas de intentar sortear los controles y hacer lo que no podía hasta hace cuatro días. Hasta junio, vaya. Que ha seguido erre que erre, vamos. Y con la que estaba cayendo. El Gobierno busca reducir esta bronca a una guerra entre técnicos, Interventor frente a Obras Públicas. Pura cortina de humo. El fondo del argumento va por otro lado: suena a un puñado de funcionarios dispuestos a cumplir con su deber frente a un aparato político empeñado en salirse con la suya.

Tener que rescindir el contrato de las obras que son el talismán de la Legislatura es un gran fracaso político de María Chivite. Sin paliativos.

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