Opinión

"Mi amigo heavy acaba de cumplir los 50 y lo ha celebrado de la única forma posible: invitándonos a todos a una juerga antológica con conciertos privados incluidos"

La púa y el concierto
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La púa y el concierto

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Íñigo González

Publicado el 17/09/2026 a las 05:00

Mi amigo heavy acaba de cumplir los 50 y lo ha celebrado de la única forma posible: invitándonos a todos a una juerga antológica con conciertos privados incluidos. Dos. El primero para el vermú y el segundo para celebrar la vida como se merece: con nocturnidad y alevosía. El caso es que ahora que han pasado unos días, y aunque todavía tecleo con cierta dificultad, veo que en realidad lo que se festejó allí fue otra cosa: una forma maravillosa de entender la amistad.

Empezó el 22 de abril con un WhatsApp. Uno poco habitual. “Este año quiero hacer algo por mi cumple y me gustaría que estuvierais todos. Será el 12 de septiembre, para que puedas bloquearte ya la fecha”. Buf. ¿Cinco meses de antelación? Eso es que se cocinaba algo grande. Y vaya si lo ha sido. Como una boda, pero con todos de negro en lugar de blanco. Hasta hubo detallito para cada uno: una púa blanca de guitarra eléctrica personalizada. La tengo puesta en el ordenador.

Porque para él la música, el metal, es algo más, una forma de viajar alto y lejos. Y siempre con amigos, claro. Nos conocemos desde hace más de 30 años y además de bella persona, es el mayor melómano que me he cruzado, alguien que habrá perdido la cuenta, seguro, de los conciertos que ha visto. Precisamente por eso atesora colegas de lo más variopinto, y una buena muestra de ellos se dejó caer por la fiesta. Fue como presenciar un desfile de la Pamplona de finales de los 90; que si el camarero de la Atxiki, que si el mítico que siempre cerraba el Viana, el fijo del Krawill... algunos con sus melenas intactas y, juraría, hasta con las mismas botas camperas.

Le regalaron un vídeo con fotos antiguas y allí estábamos todos en nuestras versiones de hace dos décadas. Bares, vacaciones olvidadas y, por supuesto, también aquellos que ya no pueden acompañarnos y hacia los que alzamos nuestras cervezas. Y más tarde, entre solo de batería y riff guitarrero, nos gritamos, reímos y nos abrazamos para recordarnos quiénes fuimos y explicarnos quiénes somos. No sacamos los móviles ni para iluminar con la linterna. Y eso no se paga con dinero. Por cierto, mi amigo heavy, cuando no viste de cuero, ejerce de asesor fiscal y nos lleva las cuentas. Y ahí sí que afina, el tío.

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