Opinión
"La alcaldía de Asiron viene de un pésimo ejemplo de política: un pacto fraguado de espaldas, fuera del portal consistorial y de los seis portales de la ciudad"
"El abrazo de PSN y EH Bildu en Pamplona llega firme a las ya próximas urnas de 2027"


Publicado el 17/09/2026 a las 05:00
Este aforismo de la mexicana Merlina Acevedo: “El reloj es un molino de tiempo”. Sí; y en manos de los políticos, una trituradora. Los partidos viven ya en la primavera de 2027. Horizontes cercanos. Arranca la carrera de las candidaturas locales. Miren el caso de Pamplona, que viene de aquel 28 de diciembre del 2023, cuando el molino de la moción de censura (EH Bildu, PSN, Geroa Bai y Contigo-Zurekin) molió el tiempo de la alcaldía de Cristina Ibarrola y dio el minuto uno del tiempo de Joseba Asiron. Lo nunca visto en Pamplona desde 1979. Lo que se veía venir desde mayo de 2023, cuando UPN ganó las elecciones, Ibarrola la alcaldía y en las alturas de EH Bildu y PSOE calentaban a fuego lento (seis meses) la alcaldía de Asiron. Para el grupo de PSN, que había liderado y abandonado oportunamente Elma Saiz, regresar hoy al 28 de diciembre de 2023 debe de ser un poco como regresar al futuro.
Por entonces, casi al minuto siguiente, proclamaban que la moción era el pasado porque ya estaban pensando en liderar Pamplona en las elecciones de 2027. Tenían una prisa nada loca por olvidar el abrazo con EH Bildu, la entrega de la alcaldía, la promesa repetida una y mil veces a sus electores de que nunca pactarían con un partido que, lejos de condenar a ETA, justificaba el pasado de los terroristas. El reloj será un molino de tiempo, sí, pero el tiempo nuevo de la moción y el abrazo de socialistas y batasunos (con Sánchez y Otegi al aparato), permanece tal cual y a plena satisfacción de los contrayentes. Apto para un bis, si fuera posible e hiciera falta. El PSN pamplonés ha sido un asociado fiel en la causa de la moción, haciendo desde fuera del gobierno municipal todo lo posible para que los de dentro (Bildu, Geroa Bai y Contigo-Zurekin) se sintieran a sus anchas, que son las anchas del alcalde Asiron. Las de la izquierda abertzale: hacer patria (vasca) a plazos. Lo han pasado tan bien juntos, que no podrán hacerse entre ellos ni siquiera un gesto fruncido en la próxima campaña sin que al personal le dé la risa tonta, más bien lista en este caso.
Tampoco el futuro estará en manos del cuarteto de la moción. La alcaldía de Asiron viene de un pésimo ejemplo de política: un pacto fraguado de espaldas, fuera del portal consistorial y de los seis portales de la ciudad. Los supuestamente actores principales eran, principalmente, figurantes. Y con un tal Cerdán por ahí, cuando ejercía de agente comercial de Sánchez para llevar los pedidos de los independentistas. La moción salió adelante porque a Sánchez le importaba el poder y a Otegi la salida de los presos de ETA, que también es poder. Y para Otegi Pamplona es algo capital, como capital de Navarra, y para Sánchez otra capital más (o menos) para sus comerciales.