Opinión
Políticos contra la mala política
"El meollo de la reflexión común entregada a León XIV es el llamado “Decálogo para romper con las ‘narrativas polarizantes’"

Publicado el 11/09/2026 a las 18:22
A pesar de mis esfuerzos por seguir de cerca el viaje de León XIV a España, no me enteré de varias cosas. Por ejemplo, de que jóvenes de la archidiócesis de Madrid, miembros de varios partidos políticos, que formaron la Red “Fratelli” el año 2022 para reflexionar sobre su misión en la vida pública, entregaron al papa León, en su visita a la capital, unas propuestas sobre el “bien común” que redactaron juntos en la Delegación de Jóvenes del Arzobispado el pasado 22 de mayo. Tampoco me había enterado que los jóvenes llegaron tras los mayores, políticos y ex políticos, de la misma archidiócesis, con cinco años de andadura bajo el nombre de “Grupo de Políticos y Líderes Católicos”, que, adelantándose al mismo Papa, le entregaron en mano, el día 7 de junio pasado, en el Movistar Arena de Madrid, un “Decálogo para una renovación ética, cultural y política desde el respeto y el diálogo”, fruto de la reflexión de todo un año sobre la polarización reinante, en orden a conseguir aquella “mejor política” con la que soñaba el papa Francisco en su encíclica “Fratelli tutti” (2020). “Ante la creciente polarización -comienzan diciéndole- se hace necesario reconocer el conflicto como una dimensión antropológica y social propia de toda convivencia democrática.
El conflicto, lejos de ser eliminado, debe ser comprendido y encauzado como un motor legítimo de transformación: de él han surgido conquistas fundamentales como la democracia, los derechos laborales, la igualdad entre mujeres y hombres o la libertad religiosa”. Pero, cuando el conflicto degenera en una polarización destructiva -prosiguen estos políticos y ex políticos-, se rompe el tejido social, se debilita el diálogo y se erosiona el bien común”. Despolarizar no significa eliminar el desacuerdo ni aspirar a la uniformidad, sino a aprender a discrepar sin deslegitimizar al otro, reconociéndole como interlocutor válido.
El meollo de la reflexión común entregada a León XIV es el llamado “Decálogo para romper con las ‘narrativas polarizantes’”: “1. La dignidad humana: fundamento incondicionado de la vida social. 2. El adversario es un sujeto moral, no un obstáculo. 3. El bien común como horizonte normativo. 4. La vulnerabilidad como prueba ética y cultura del cuidado. 5. El diálogo como deber ético y estructura institucional. 6. Responsabilidad moral del lenguaje público. 7. Justicia digital y responsabilidad algorítmica. 8. Educación para el desacuerdo respetuoso y relacional. 9. Cooperación concreta que reconstruya el “nosotros”. 10. Humildad institucional y ética del límite”.
El decálogo entregado al Papa, es, según la misma persona que se lo entregó, “una semilla que merece ser cultivada: una invitación a la reflexión y al encuentro que puede ayudar a sentar las bases del diálogo y del respeto mutuo”. Los firmantes están convencidos de que “los grandes cambios sociales comienzan a menudo con pequeños gestos. Escuchar al otro, reconocer su dignidad y buscar espacios de entendimiento son pasos sencillos, pero fundamentales. Desde ahí, poco a poco, es posible construir una cultura más abierta al encuentro y contribuir a que la polarización que hoy percibimos en la sociedad vaya disminuyendo”. La misma persona, portavoz de los audaces firmantes, reflexionando sobre la encíclica del papa Francisco, “Fratelli tutti “, y sobre la “Magnifica humanitas” de su sucesor, cree que somos hermanos y a la vez una grande humanidad, y que muchísimas personas lo creen también y trabajan cada día en la medida de sus posibilidades para hacerlo real.
Que a menudo tendemos a fijarnos en los conflictos, los enfrentamientos o las divisiones, y prestamos menos atención a la inmensa cantidad de personas que, desde distintos ámbitos, se esfuerzan por construir una sociedad mejor. “Basta mirar -remata diciendo- a nuestro alrededor para descubrir innumerables ejemplos: la gran mayoría de políticos trabajan por aquello que consideran mejor para la sociedad y para el bien común, aunque tengan ideas y formas diferentes de hacerlo. No estaría mal que en cada Comunidad Autónoma hubiera un grupo, por pequeño que fuera, de políticos y ex políticos, a quienes interesase la moral universal, el bien común, eso que llaman sociedad, pueblo y patria… tanto, por lo menos, y, ojalá que algo más, que su partido o el cargo que ocupan. Y que de vez en cuando se dieran y nos dieran decálogos como ese que copio más arriba, o, al menos, unas líneas sensatas que nos aliviasen de esta polarización salvaje, de esta confrontación grosera, dañina, inútil, insoportable y hasta estomagante, pura antipolÍtica y pura anticultura, que venimos sufriendo hace ya demasiados años.
Víctor Manuel Arbeloa. Escritor