Opinión

Quienes critican el “ombliguismo” de la llamada autoficción, deberían leer de una vez “El Lazarillo de Tormes”

"Me declaro firme defensor de lo que llamamos realidad, sea lo que sea eso, al menos a este lado del mundo cuántico"

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 30/08/2026 a las 05:00

Un aforismo ya célebre de Ramón Eder, dice: “La vida es una ficción basada en hechos reales”. Me declaro firme defensor de lo que llamamos realidad, sea lo que sea eso, al menos a este lado del mundo cuántico. En ocasiones, la vida se parece demasiado a la ficción. Aclaro: a una mala, costumbrista y tópica ficción. Esas historias es mejor dejarlas en el contenedor de reciclaje, que es el lugar que les corresponde. Sus personajes, o sus correlatos reales, no dan para un guion de “Sálvame”: pésima ficción, basura vespertina, ladridos catódicos. La autobiografía y el periodismo son los únicos géneros que permiten contar asuntos que en una ficción digna romperían el eje de la verosimilitud. Leemos las noticias atraídos por su anormalidad, algo que en política ya es habitual. La inverosimilitud también impregna los textos testimoniales. Debieron pasar muchos años para que la sociedad aceptara como reales las experiencias vividas por Primo Levi en Auschwitz. 

Nadie en la Europa de los años 50 podía dar crédito a lo que describe en “Si esto es un hombre”. De la primera edición se vendieron 600 ejemplares; hoy es un clásico, una lectura imprescindible para conocer la condición humana, el gran tema de la literatura del siglo XX. Todo este rodeo viene a cuento de quienes reaccionan con alergia a los textos autobiográficos. Diré una obviedad: novelas, diarios, periodismo o crónicas son textos moldeados por la experiencia directa. Pero no sólo por lo vivido por el narrador; también por todo aquello que ha aprendido en libros, películas, música… La biografía de cualquiera no se agota en la experiencia directa, también incluye la vicaria, aquella obtenida gracias a los conocimientos adquiridos. Y para zanjar el tema: quienes critican el “ombliguismo” de la llamada autoficción, deberían leer de una vez “El Lazarillo de Tormes”, novela inaugural y autobiográfica de nuestras letras. Y por cierto, anónima.

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