Opinión
"No fue una pelea de bar. No discutieron dos cuadrillas. Unos estaban sentados viendo un partido y los otros llegaron encapuchados y preparados para pegarles"
"Quizá antes de construir espacios para la convivencia deberíamos empezar por algo bastante más barato. Defenderla"

Publicado el 30/08/2026 a las 05:00
El pasado 25 de agosto se inauguró en Pamplona, con toda solemnidad, el nuevo Espacio de Memoria y Convivencia en el Palacio de Rozalejo. Dos mil metros cuadrados, autoridades, discursos y buenas palabras. La presidenta Chivite explicó que las políticas de memoria son “imprescindibles” y que deben servir para “mejorarnos como sociedad”. Prácticamente ese mismo día conocíamos que, a escasos cinco kilómetros de ese maravilloso Espacio de Convivencia, el Ayuntamiento de Berriozar era incapaz de aprobar una condena expresa de la brutal agresión sufrida el 19 de julio por varios jóvenes que estaban viendo la final del Mundial. Hagamos memoria. Ya que estamos. Unos jóvenes estaban tranquilamente sentados en la terraza de un bar viendo la final entre España y Argentina. Eran militares destinados en el cercano acuartelamiento de Aizoáin. De repente apareció una veintena de encapuchados, algunos armados con barras y otros objetos, y comenzaron a apalearlos. Hubo varios heridos.
Menos mal que hay imágenes porque si no, nos dirían que hubo “una pelea” entre varios. Corrijo. Un medio sí que se refirió a ello como “la violencia del 19 de Julio”, como si hubieran quedado dos cuadrillas para sacudirse. No fue una pelea de bar. No discutieron dos cuadrillas. Unos estaban sentados viendo un partido y los otros llegaron encapuchados y preparados para pegarles. Casualmente eran militares. Casualmente estaban viendo a España. Y casualmente una veintena de encapuchados decidió aparecer allí. Pero ha comenzado algo todavía más preocupante: la justificación. El “no me gusta pero es que”. “Es que van provocando”. “Es que siendo militares, qué hacen ahí”. “Es que ya saben cómo es Berriozar”. “Es que estaban viendo a España”. “Eran de ultraderecha”. ¿Les suena? Durante años hemos aprendido, afortunadamente, que ante una agresión a una mujer jamás puede utilizarse como atenuante moral que llevara minifalda, que estuviera sola de madrugada o que hubiera bebido. “Es que iba provocando” nos parece hoy una frase repugnante. Y lo es.
Lo verdaderamente llamativo es que el Ayuntamiento de Berriozar sí aprobó un texto de “rechazo absoluto a la violencia”, pero cuando se presentó una moción que incluía expresamente la condena de la agresión, Bildu y Contigo votaron en contra y el PSN se abstuvo. ¿Por qué cuesta tanto decir “condenamos esta agresión”? Pero tampoco echemos toda la culpa a los políticos. Hay otra responsabilidad bastante más incómoda: la nuestra. Porque somos muchos los navarros a los que estas cosas nos parecen intolerables. Lo decimos en las comidas, en grupos de WhatsApp y tomando un vino. Nos indignamos muchísimo. Pero luego, nada. Al día siguiente seguimos con nuestra vida. Y mientras unos se organizan, se manifiestan, ocupan la calle y defienden sus ideas todos los días, los demás protestamos desde el sofá. Luego nos sorprendemos de que Navarra vaya cambiando.
La convivencia no consiste solamente en no pegar a nadie. Consiste también en no mirar a otro lado cuando pegan al de enfrente. “Para que el mal triunfe, solo hace falta que los hombres buenos no hagan nada”. Quizá antes de construir espacios para la convivencia deberíamos empezar por algo bastante más barato. Defenderla.