Opinión
"Ahora se trata de devorar feroz y sistemáticamente la memoria de la humanidad en papel, libro a libro, folleto a folleto, y de hacerlo burlando las leyes de propiedad intelectual"

Publicado el 08/08/2026 a las 05:00
El papel impreso muere sin remedio. Quedan entre nosotros algunas almas cándidas que aún confían en la supervivencia de libros y periódicos, esas especies en vías de extinción. Se amparan en la imagen de la adolescente a la que vieron en el bus enfrascada en la lectura de un superventas, o en el hecho de que a la barra del bar sigue llegando cada mañana la prensa del día. Llegar, sí llega, pero no a los hogares, de donde se retiró dos generaciones atrás. Y en el bar lleva una existencia indigna: lo que antes era un bien codiciado por cuya posesión se libraban luchas épicas entre la clientela, ahora languidece al fondo de la barra sin que nadie se interese por él.
Pero antes de morir del todo a manos de la cultura digital, el papel va a prestar un último servicio. Lo llaman digitalización destructiva, y es una operación a gran escala de las inteligencias artificiales para satisfacer sus ilimitadas ansias de datos. Las IA han salido del universo digital que ya tienen rastreado y explotado, y han puesto su punto de mira en las bibliotecas físicas.
Ahora se trata de devorar feroz y sistemáticamente la memoria de la humanidad en papel, libro a libro, folleto a folleto, y de hacerlo burlando las leyes de propiedad intelectual. Todo alimenta, desde artículos científicos hasta novelas rosas y desde revistas antiguas hasta publicaciones de ámbito local. Por un momento, ese viejo objeto que llamamos libro parece recobrar valor y utilidad, pero no nos hagamos ilusiones: solo vale lo justo para saciar la voracidad de la máquina.
El método material es sencillo: se hace pasar el volumen por la guillotina que le corta el lomo y deja sueltas las hojas para que el OCR haga la lectura en un periquete. En cuestión de minutos, la información que contenían esos cientos de páginas ha quedado lista para entrenar a la IA. Todo el proceso de desmaterialización del conocimiento se resume en este paso de los libros por la exprimidora que se apropia de la letra impresa para acto seguido liquidarla sin contemplaciones.
El papel cero de los supermercados pronto se impondrá en las bibliotecas. Quizá sea un final digno. Al fin y al cabo, los libros condenados al olvido pueden vivir así un instante de gloria inesperada, una chispa de reconocimiento, un destello de grandeza.