Opinión
"El autobús marcaba 39 grados en el exterior y allí fuera, tras la ventanilla, se veía el perfil blanquecino de la Bardena destacando sobre los campos amarillos"
"Ya sería hora, por cierto, de que a Gil Bera se le diera el valor que tiene, pensé, mientras el autobús tomaba la carretera de Soria"

Publicado el 02/08/2026 a las 18:02
El autobús marcaba 39 grados en el exterior y allí fuera, tras la ventanilla, se veía el perfil blanquecino de la Bardena destacando sobre los campos amarillos y más allá, entre la neblina caliginosa de la tarde sofocante, el dibujo doble con giba del Moncayo, redondeado y amable y me vino a la cabeza aquella jota: atravesé la bardena /aunque nevaba y llovia/ pero como te iba ver/ me pareció primavera. Una jota que sale en el libro que Gil Bera tituló así, Atravesé las Bardenas, que es como un monolito puro y recio, desgastado por el viento, en que cuenta la historia de un grupo de reclusos que levantan un pueblo de colonización, como el cercano Rada, una historia primordial, casi mítica, de redencion y vuelta al origen, algo entre bíblico y relato de Rulfo, que da gusto leerlo en medio de tanta filfa.
Ya sería hora, por cierto, de que a Gil Bera se le diera el valor que tiene, pensé, mientras el autobús tomaba la carretera de Soria, y recordé que en el libro de Gil Bera siempre hace frío, los presos duermen acurrucados y transitan por la blanca y la negra, van al Plano a Cornialto y al castillo de Peñaflor y conocemos sus historias duras y emocionantes. Seguimos a Torrentera, que guía el grupo, y que se llama así porque fue abandonado de niño en un torrente, y a Cardelina, y a Platón Jesús, que es el cenizo, y al ingeniero Yaben, que es como Moisés y su tierra prometida y quiere hacer con ellos un pueblo nuevo, una patria mejor y nunca un paisaje nuestro ha tenido un tono literario parecido, tan descarnado y a la vez tan vital y emocionante. Tiene gracia que Gil Bera haya escrito en el dulce euskera, haya traducido a los clásicos y labre este castellano purísimo, asentado, lapidario y a la vez lleno de sorpresas, como florecillas de la misma Bardena. Ahora el bus subía el Madero, los pinares se extendían hacia lo lejos y uno temía que el fuego llegara hasta aquí en este verano temible. Atravesé las Bardenas, dice la jota, y de eso se trata, de cruzarla haga frío o calor, aunque no se sepa bien lo que hay al otro lado.