Opinión
El problema no es el aire acondicionado
"Las políticas climáticas deben ser compatibles con mantener nuestra industria, nuestro empleo y nuestro nivel de vida"

Publicado el 28/07/2026 a las 05:00
Esta pasada semana, el nuevo Gobierno británico decidió eliminar el IVA de la electricidad para abaratar la factura de los hogares. En España bajaron el IVA temporalmente tras la crisis energética de 2022, pero luego lo han vuelto a subir. Supongo que no nos podemos permitir reducir impuestos y a la vez alimentar el pantagruélico gasto público. Este caluroso verano nos ha traído una nueva polémica; la petición de algunos políticos de no usar el aire acondicionado. Nos piden que no gastemos en electricidad para refrescar nuestras casas en plena ola de calor. Por ahora no nos lo prohíben, pero vete tú a saber. Un punto que me resulta llamativamente contradictorio es que estos mismos políticos nos lanzan a comprar coches eléctricos, que digitalicemos la economía, que calefactemos las viviendas con bombas de calor, y que la inteligencia artificial se convierta en motor del futuro. ¿En qué quedamos? Una economía completamente electrificada necesita una cantidad gigantesca de electricidad.
En plena canícula me acuerdo de mi abuela Juanita. En aquellos años 70 y 80, cuando nadie tenía aire acondicionado, sobrevivíamos como podíamos. Nos adaptábamos con las persianas bajadas durante el día, un pozo de agua en el corral para refrescarnos, el helado de canela casero (dulce y sabroso, pero puro hielo) y salir “a la fresca” cuando caía el sol por la noche. Podemos vivir como entonces, por supuesto, pero lo que no podemos es pretender disfrutar del nivel de bienestar del siglo XXI mientras demonizamos la energía que lo hace posible. El problema no es el aire acondicionado, el asunto está en que la electricidad es demasiado cara. No porque producirla sea necesariamente caro, sino porque es en una carrera de obstáculos. Instalar un parque solar o eólico, o aunque sea media docena de placas solares en su tejado, no es tanto un desafío tecnológico ni financiero, como un problema burocrático: con permisos interminables, acceso restringido a la red, regulación creciente y una administración que parece desconfiar de cualquiera que quiera aumentar la oferta.
Mientras tanto, Europa quiere electrificar absolutamente todo. Los coches, la calefacción, la industria, el transporte, los procesos productivos... Incluso la revolución de la inteligencia artificial depende de disponer de enormes cantidades de energía a su disposición. En Estados Unidos y China ya se están proyectando nuevas centrales nucleares para alimentar centros de datos. Aquí, en España, seguimos discutiendo cómo cerrar las que funcionan. Mientras la UE dice que la energía nuclear es limpia porque no emite gases de efecto invernadero cosa que hasta hace poco no era así. Independientemente de estos cambios de pareceres, creo que no nos podemos permitir cerrar las nucleares. Por otro lado, tenemos una oportunidad extraordinaria, tenemos sol, tenemos viento, conocimiento, tecnología, etc... Buscar la autosuficiencia energética nos permitiría anular la dependencia del petróleo y el gas. No digo que se pueda a corto plazo, digo que es hacia donde debemos ir, y no solo por temas económicos,
¿Dónde están los mayores problemas geopolíticos del mundo sino alrededor de los productores de combustibles fósiles? Además, cada euro que dejamos de enviar al exterior para comprar energía es riqueza que permanece aquí, empleo que se genera aquí y mayor independencia frente a conflictos internacionales. Europa representa aproximadamente el 5 % de la población mundial. Aunque desapareciéramos del mapa mañana mismo eso no cambiaría nada el cambio climático al que supuestamente estamos abocados. Pero las políticas agresivas realizadas en los últimos años tienen consecuencias para nuestra economía. Hace apenas quince años Europa fabricaba los mejores automóviles del mundo. Hoy Volkswagen anuncia 100.000 despidos mientras China va a exportar más de 10 millones de vehículos este año. Las políticas climáticas deben ser compatibles con mantener nuestra industria, nuestro empleo y nuestro nivel de vida. Si no, siempre nos queda vivir como mi abuela Juanita.
Carlos Medrano Sola es economista (www.carlosmedranosola.com)