Opinión
"Los días de reporterismo como este de incendio en el valle del Tiétar tienen que terminar así: tiznado, polvoriento y apestando a humo"
"Eso que los modernos llaman en Instagram “resetear” no es otra cosa que la vida recordándonos, entre cenizas, lo que de verdad importa"

Publicado el 28/07/2026 a las 19:33
Los días de reporterismo como este de incendio en el valle del Tiétar tienen que terminar así: tiznado, polvoriento y apestando a humo, con la piel incrustada de una capa de ceniza, la camisa por fuera del pantalón, las botas desabrochadas, sentado con el perro viejo en el porche, a oscuras, bebiendo una lata de cerveza y comiendo la pizza que no se han comido los niños porque se les cayó al suelo bocabajo. Dios creó los incendios para que existieran esos momentos de después de la cobertura, un tanto desmadejados, mirándonos al espejo con dos ojos enrojecidos como dos puñaladas traperas por el cansancio, la falta de sueño y la sensación de haber hecho la tarea. Porque, como dijo Raúl del Pozo, el periodismo es duro, pero peor es trabajar. La gente puede vivir sin periódicos, supongo. Nosotros, no.
El fuego, que es una guerra en chiquitito, nos permite salir con la moto y las cámaras por las pistas del Pinar de Almorox con el corazón a doscientos por hora entre los rescoldos y así evadirnos de la política, en la que volamos en círculos como esos pájaros que van por el cielo y parecen perdidos. Dice Agustín Pery que el periodismo es una cosa bastante sencilla: ir, ver y contar, aunque luego lo que uno ha visto le deje el corazón negro como un pino de Sotillo de la Adrada. Al caer la noche se levanta el viento del incendio, un viento autoportante, que es también el viento que llevamos todos nosotros dentro.
Y cuando uno se echa a dormir, de pronto abre los ojos y se imagina a sí mismo allí arriba, en la sierra, entre riscos y retamas, mientras el monstruo baja la pendiente como si hubieran tirado una piedra rodando. Bufa como un gato mientras devora las copas de los árboles y salta de una a otra colgado de una liana invisible. El fuego nos da medida de muchas cosas y nos permite volver a una casa que huele a limpio o a un puchero de lentejas al fuego, en un ejercicio de contraste y de reajuste de prioridades. Eso que los modernos llaman en Instagram “resetear” no es otra cosa que la vida recordándonos, entre cenizas, lo que de verdad importa.