Opinión

Envejecer con dignidad: el futuro del cuidado empieza hoy

"El desafío de la longevidad no consiste únicamente en atender mejor a las personas mayores. Consiste en construir una sociedad donde todos podamos aspirar a vivir más años, pero también a vivirlos con dignidad, propósito y sentido."

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Rafael Sánchez-Ostiz

Publicado el 27/07/2026 a las 05:00

Cada cierto tiempo aparecen datos que nos recuerdan una realidad evidente: vivimos más años que nunca. Navarra se encuentra entre las regiones europeas con mayor esperanza de vida, y España es ya una de las sociedades más longevas del mundo. Sin embargo, la cuestión decisiva no es cuántos años vamos a vivir, sino cómo vamos a vivirlos. Durante décadas hemos abordado el envejecimiento principalmente como un reto sanitario, asistencial o presupuestario. Hemos hablado de dependencia, financiación, falta de profesionales o sostenibilidad de los sistemas de atención. Todos ellos son asuntos importantes. Pero quizá ha llegado el momento de reconocer que el desafío es mucho más profundo. La longevidad está transformando la sociedad y nos obliga a replantearnos cómo queremos vivir, convivir y cuidar. Cinco reflexiones. La primera reflexión tiene que ver con la propia manera de entender la vejez. Seguimos interpretando las etapas más avanzadas de la vida desde una lógica centrada en la pérdida: pérdida de capacidades, de autonomía, de salud o de relevancia social. 

Sin embargo, cada vez más investigadores y profesionales defienden una visión diferente. En este sentido, la filósofa Ana Marta González, directora de la Cátedra Idea de Nuevas Longevidades de la Universidad de Navarra, ha señalado recientemente que la llamada cuarta edad posee una identidad propia que todavía estamos aprendiendo a comprender. No es simplemente una prolongación de la vida adulta ni una antesala de la muerte. Es una etapa con desafíos específicos, pero también con posibilidades, aprendizajes y formas propias de contribución. Desde esta perspectiva, la pregunta relevante deja de ser cómo sobrevivir más años y pasa a ser cómo hacer posible un envejecimiento verdaderamente significativo. La segunda gran cuestión es que el cuidado del futuro no puede comenzar cuando aparece la dependencia. Durante demasiado tiempo hemos organizado nuestros sistemas desde una lógica reactiva. Esperamos a que surja la necesidad para intervenir. Sin embargo, una sociedad longeva exige anticipación. 

La prevención ya no puede limitarse a evitar enfermedades. Debe incluir la promoción de relaciones sociales sólidas, la adaptación progresiva de los entornos, el desarrollo de proyectos vitales con sentido y la preparación de trayectorias de vida más largas. En otras palabras, el cuidado del futuro empieza mucho antes de que alguien necesite ser cuidado. En línea con lo anterior, una tercera reflexión tiene que ver con uno de los fenómenos más preocupantes de nuestro tiempo: la soledad. Con frecuencia la abordamos como un problema individual, cuando en realidad refleja transformaciones mucho más profundas. Cambios familiares, movilidad geográfica, debilitamiento de las redes comunitarias, viviendas poco adaptadas o una creciente cultura del individualismo están modificando la forma en que nos relacionamos. Por eso resulta insuficiente responder únicamente con más servicios. Necesitamos reconstruir comunidad. Necesitamos entornos donde las personas puedan seguir sintiéndose útiles, reconocidas y vinculadas a otros. Porque la soledad no deseada no es únicamente ausencia de compañía; es también ausencia de pertenencia. La cuarta cuestión es el impacto de la tecnología. 

La inteligencia artificial, la robótica y los sistemas inteligentes van a desempeñar un papel cada vez más importante en el ámbito de los cuidados. Sería ingenuo ignorar su potencial. Podrán ayudarnos a detectar riesgos, coordinar recursos, personalizar apoyos y mejorar la eficiencia de muchos procesos. Pero también conviene recordar algo esencial. Como vienen advirtiendo numerosos especialistas en envejecimiento, la tecnología puede facilitar el cuidado, pero no puede sustituir aquello que constituye su núcleo: la presencia humana, la escucha, la empatía o la construcción de relaciones significativas. El reto no consiste en elegir entre innovación y humanización. El verdadero desafío será poner la innovación al servicio de la humanización. Y finalmente aparece una quinta reflexión que probablemente engloba a todas las anteriores. El futuro no es algo que simplemente sucede. Es algo que imaginamos, diseñamos y construimos colectivamente. 

El experto internacional en prospectiva Riel Miller lleva años defendiendo que las sociedades suelen quedar atrapadas en visiones demasiado lineales del futuro. Cuando esto ocurre, terminamos gestionando los problemas heredados del presente en lugar de explorar nuevas posibilidades. La longevidad exige precisamente lo contrario. Exige imaginación, liderazgo y capacidad para cuestionar supuestos que hasta ahora parecían inamovibles. Nos obliga a repensar nuestras ciudades, nuestras viviendas, nuestras organizaciones, nuestros servicios y nuestras relaciones. La sociedad navarra dispone de una larga tradición de innovación social y compromiso comunitario. Esa experiencia será especialmente valiosa en las próximas décadas. Porque el desafío de la longevidad no consiste únicamente en atender mejor a las personas mayores. Consiste en construir una sociedad donde todos podamos aspirar a vivir más años, pero también a vivirlos con dignidad, propósito y sentido. Y esa es una tarea que nos interpela a todos. 

Rafael Sánchez-Ostiz. Director del Grupo IDEA; Presidente de CEAPS y del Think Tank Cuidado & Persona

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