Opinión

"Se ha sentido la energía balsámica de la felicidad tras una final hablada en español"

"La reacción del nacionalismo vasco fue la esperada, pues cultivan el rencor gota a gota. Qué amargo debe de ser vivir en la envidia, en el odio por la felicidad ajena"

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 26/07/2026 a las 05:00

No se me borra la sonrisa. He visto personas felices: chavales, familias, abuelos, madres con bebés, extranjeros de todos los colores vitoreando al autobús de la selección española, que ha dado una lección de deportividad, honor y calidad humana. Un equipo de caballeros frente a una cuadrilla malevaje sin honra que, por méritos propios, se convirtió en la villana del Mundial. Qué gozo ver a millones de mexicanos animando a España… y en el mundo entero. Se ha sentido la energía balsámica de la felicidad tras una final hablada en español. La reacción del nacionalismo vasco fue la esperada, pues cultivan el rencor gota a gota. Qué amargo debe de ser vivir en la envidia, en el odio por la felicidad ajena, en las quimeras de una tierra cuyo perímetro es el de su cerebro. Qué reflujo gástrico ver a un catalán, un vasco y un madrileño recibiendo el triplete de mejores jugadores del torneo. Andaluces, catalanes, vascos, navarros, extremeños, valencianos, canarios, gallegos… comandados por un riojano valiente en lo deportivo y en lo personal. Las historias con finales felices nos van ganando el partido de la edad. 

En tanto, asistimos a la hiel de los camisas pardas que agredieron a un grupo de personas en Berriozar. El fascismo no hay que buscarlo muy lejos, está aquí, normalizado, aldeano; también el resquemor amargado de quien no tolera el humor ni la alegría ajenas. Tendrán que robar muchas más camisetas, esta vez con dos estrellas. Y qué emoción ver la Plaza del Castillo y el lío de pantallas que se armó el orate Asirón, y el apoyo cínico del PSN, subidos a toda prisa al carro de la victoria deportiva, intentando hacer suya la humildad del trabajo bien hecho, las declaraciones sin una palabra más alta que otra, y cuyo único oro, logrado con el esfuerzo, es, ahora sí, de todos. Una copa lograda sin trampas, sin cancherismo político, sin mentiras ni corrupción. Con maestría. Pero no aprenderán la lección de la emoción deportiva, del orgullo por el trabajo bien hecho por un grupo humano que nos representa a todos, incluso a los amargados que un día antes reclamaban selecciones para sus utopías de caverna. No se me borra la sonrisa.

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