Opinión
"El Mundial ha hecho por España más que cualquier discurso y ha demostrado que llegan generaciones sin los viejos complejos"
"Es el verano abrasador de la segunda estrella. Ganar es un arte que hay que administrar con prudencia"

Publicado el 26/07/2026 a las 19:00
Ya hacía calor al punto de la mañana, y desde la terraza del café, bajo el toldo, se veían las ventanas de las casas cercanas cerradas a cal y canto y una sola bandera en un balcón que flameaba a ratos con la ligera brisa. En la mesa de al lado dos hombres mayores sacaron un puro y lo encendieron laboriosamente con un mechero que se pasaron entre ellos. Por España, dijo uno dando una larga calada, satisfecho. El otro le siguió, sonriente, soplando la brasa. Al poco, el humo fue llenando el aire denso del lugar, como un botafumeiro, sumándose al que todavía quedaba, casi sólido, desde los sanfermines pasados. La noche anterior fue de gritos y bocinazos. En la madrugada se oía todavía a lo lejos a Manolo Escobar, como si viniera de otros tiempos o de un baile de pueblo costero que no acaba nunca. Ganar a Argentina, después de un partido largo y esforzado, trajo una gran liberación, un sentimiento de justicia, un orgullo repentino, un poco inmerecido, como cuando nos apuntamos al triunfo de otros.
El deporte es la épica de nuestro tiempo y un arma formidable. El Mundial ha hecho por España más que cualquier discurso y ha demostrado que llegan generaciones sin los viejos complejos. También ha levantado ampollas. En ningún país había un rechazo organizado hacia el triunfo de sus propios colores, salvo aquí, y eso es algo difícil de explicar. Salir a insultar a España y a la selección es como salir a dejar claro que se es intolerante y racista y ni siquiera se sospecha, que es lo peor. Apalear a la gente que aplaude el partido en que su país busca el oro, es la auténtica alerta antifascista. Ahora el sol da de lleno en la bandera que parece sin estrenar, como si hubiera esperado mucho tiempo para salir al aire libre. Sobre el cenicero el puro descansa y su humo violáceo, un poco maloliente, junto con el sol que no perdona, termina por ahuyentar a la gente que se va poco a poco a refugiarse en casa o en la piscina. Es el verano abrasador de la segunda estrella. Ganar es un arte que hay que administrar con prudencia.