Opinión
"España ganó el Mundial, pero hizo algo más. Demostró que los normales pueden brillar, ganar y salir de las situaciones más complejas sin violencia"
Saben que la estética es el reflejo de la ética y nos recuerdan que la verdadera grandeza es el triunfo definitivo del “nosotros” frente al “yo”

Publicado el 21/07/2026 a las 05:00
No hay en esta selección egos individuales que oculten el objetivo compartido. No se busca permanentemente a un futbolista para que alimente su leyenda; se juega para ganar, sí, pero construyendo algo colectivo y ético. Es la revolución de los normales. Tipos que, precisamente por serlo, resultan extraordinarios. En un país crónicamente enfrentado, este equipo propone la cordura como bandera. De alguna forma nos recuerdan el valor de tanta gente que aquí hace bien las cosas. Su fútbol es la antítesis del barro político nacional: una búsqueda del éxito que no se rinde a las amenazas ni a las provocaciones y se dedica, simplemente, a lo suyo. La propuesta de esta España soberbia en su sobriedad es una lección ética que ni siquiera pretende serlo. Es la estrella de la normalidad. Son brillantes sin arrogancia. Pueden encontrar enfrente la dureza física extrema del rival empeñado en destruir el espectáculo más que en crear el suyo propio, pero ellos saben responder con las mejores armas: la creación de juego, el compromiso, la certeza de ser equipo.
Todo asumiendo la relevancia del 'Fair Play', fieles al comportamiento correcto y al respeto a las reglas, a los rivales y a los árbitros. España ganó el Mundial, pero hizo algo más. Demostró que los normales pueden brillar, ganar y salir de las situaciones más complejas sin violencia. No hubo ensañamiento ni tangana frente a la hostilidad argentina; los normales siempre saben qué es lo que toca hacer. Un pase. Otro pase. Y luego otro. Y otro más. Un compromiso con la pelota y los valores del deporte como único lenguaje. Hay una profunda propuesta moral en esa manera de entender el juego, un imperativo categórico que dicta que el fin jamás justifica los medios. Frente al recurso de embarullar el partido e impedir el juego del contrario con durísimas entradas, estos futbolistas demuestran que se puede ganar haciendo fútbol, incluso aunque no siempre quede claro que el árbitro comparte el argumento. Saben que la estética es el reflejo de la ética y nos recuerdan que la verdadera grandeza es el triunfo definitivo del “nosotros” frente al “yo”. Y resulta que, en su empeño por regalarnos un espejo de convivencia, acaban jugando como los ángeles.