Opinión

La cobardía de un reducto radical en Berriozar

"Frente a la barbarie y el secretismo de la capucha, el Estado de derecho responde con la firmeza de sus instituciones"

Terraza de Berriozar en la que tuvo lugar la salvaje agresión
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Terraza de Berriozar en la que tuvo lugar la salvaje agresiónMIGUEL OSÉS
Terraza de Berriozar en la que tuvo lugar la salvaje agresión

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Gustavo Galarreta

Publicado el 21/07/2026 a las 19:00

La historia parece empeñada en repetirse en los mismos escenarios, arrastrando la misma miseria moral de quienes solo saben manifestar sus frustraciones a través de la violencia ciega. Berriozar vuelve a ser noticia por un acto deleznable: la agresión a un grupo de militares por parte de jóvenes vinculados a la izquierda abertzale. El contexto del ataque retrata a la perfección la talla de los agresores; las víctimas simplemente disfrutaban de un partido de la selección española de fútbol. La cobardía de este reducto radical quedó en evidencia en el modus operandi del ataque. No hay valentía alguna en ocultar el rostro bajo una capucha ni en asaltar a personas por la espalda. El anonimato de la turba y la traición del golpe por detrás son los eternos recursos de quienes carecen de argumentos, de civismo y de hombría. Es el comportamiento miserable de quienes necesitan la ventaja numérica y el factor sorpresa para poder sostener su intolerancia. Resulta especialmente sangrante que el objetivo de su odio organizado sean miembros del Regimiento América, militares dedicados al servicio público que, en misiones nacionales e internacionales, se juegan la vida a diario para garantizar la seguridad y las libertades de todos los ciudadanos, incluidos los propios agresores. 

Mientras unos visten el uniforme con el compromiso de proteger a la sociedad, los otros se cubren el rostro para destruirla. Este brote de violencia no ocurre en un lugar cualquiera. Berriozar es el pueblo donde residía el subteniente Francisco Casanova, asesinado cobardemente por la espalda por la banda terrorista ETA en el año 2000 mientras aparcaba su coche en el garaje de su casa. Aquel crimen dejó una herida profunda en la localidad y el eco de los mismos cachorros radicales agrediendo hoy a militares demuestra que el sectarismo y la falta de memoria democrática siguen latentes en un sector que se resiste a vivir en paz. Berriozar y su ciudadanía no merecen ser rehenes de este infierno de cobardes que mancha el nombre del municipio. Sin embargo, la impunidad total ya no tiene cabida en nuestra sociedad. Frente a la barbarie y el secretismo de la capucha, el Estado de derecho responde con la firmeza de sus instituciones. El impecable trabajo de investigación y coordinación de la Policía Foral y la Guardia Civil tendrá como resultado, sin ninguna duda, la pronta detención de estos cobardes y su inmediata puesta a disposición judicial. La justicia prevalecerá sobre el vandalismo y los agresores tendrán que responder por sus actos ante los tribunales, demostrando que en una democracia no hay rincón donde el odio pueda esconderse para siempre.

Gustavo Galarreta. Analista en seguridad y defensa

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