Opinión
El momento de los presupuestos
"Presentar unas cuentas públicas con escenarios de estrés integrados ofrecería un mensaje brutal de seguridad jurídica y solvencia ante inversores, agencias de calificación e instituciones europea"

Publicado el 19/07/2026 a las 05:00
Algo importante ha cambiado en la forma en que las grandes instituciones económicas miran el futuro, y convendría que el Gobierno de Navarra tomara nota ahora que encara la segunda mitad del año 2026, el periodo clave para la elaboración, discusión y aprobación de los Presupuestos Generales de la Comunidad Foral para 2027. Tras años donde la política regional ha convertido el mero hecho de aprobar las cuentas en el principal indicador de éxito y estabilidad, la realidad económica internacional exige un cambio urgente de perspectiva. Aprobar el presupuesto ya no es suficiente. La clave está en su diseño. La inercia política empujará a repetir el ritual que vemos siempre.
El Ejecutivo de María Chivite presentará un cuadro macroeconómico clásico y buscará los apoyos parlamentarios para sacar adelante las cuentas. Pero presupuestar hoy para 2027 no es un trámite ordinario. Significa planificar en un entorno global donde la incertidumbre ha dejado de ser una tormenta pasajera para convertirse en un rasgo estructural del paisaje económico. Aquí está el quid de la cuestión. En el actual tablero foral, existe la tentación de identificar con logros políticos y paz social la aprobación de presupuestos, diseñando unas cuentas basadas en una proyección lineal y optimista del crecimiento. Tener presupuestos es bueno, por supuesto. Sin embargo, este enfoque tradicional pertenece a otra época. Navarra cuenta con una economía profundamente internacionalizada y fuertemente ligada al sector industrial. La automoción, las energías renovables y la agroalimentación son los motores de nuestro PIB, pero también son sectores críticamente expuestos a la transición tecnológica, los costes energéticos, los cambios regulatorios de Bruselas y las tensiones arancelarias globales. En este contexto, elaborar unas cuentas públicas asumiendo un único escenario central e inamovible no es una muestra de rigor.
Resulta, más bien, una forma elegante de camuflar una apuesta de pronóstico muy arriesgada. Si las variables internacionales se tuercen, todo el presupuesto y la credibilidad fiscal de la comunidad se ven comprometidos. Mientras la política local se conforma con debates de corto plazo, los grandes organismos internacionales ya han cambiado de manual. El FMI, por ejemplo, renunció en abril a publicar previsiones construidas sobre el típico “escenario base” cerrado, sustituyéndolo por un “pronóstico de referencia” flanqueado por escenarios alternativos. En esa línea, instituciones como el Banco de Inglaterra, la OCDE o el Banco de Pagos Internacionales recomiendan ya trabajar de manera sistemática con la llamada Toma de Decisiones Robusta (RDM). El criterio de esta metodología no es adivinar el futuro más probable para optimizar las decisiones en ese escenario, sino elegir políticas y compromisos financieros que funcionen razonablemente bien en varios futuros plausibles.
No se trata de prometer lo mejor si se cumple el pronóstico, sino de blindar aquello que la Comunidad Foral puede sostener incluso si las condiciones exteriores empeoran drásticamente. Creo que aquí Navarra tiene una oportunidad extraordinaria. Al ser una comunidad de tamaño medio, cohesionada y, sobre todo, al contar con la poderosa herramienta del Convenio Económico, posee una agilidad institucional que otras regiones envidian. La autonomía fiscal no solo sirve para gestionar nuestros propios impuestos, sino que debe usarse como un motor de vanguardia en la gobernanza pública. Navarra reúne las condiciones idóneas para ser la pionera en España en aplicar la metodología de decisiones robustas a sus presupuestos públicos.
Si presumimos de ser referentes en innovación industrial, biomédica y tecnológica, ¿por qué no serlo también en excelencia y madurez institucional? Unos Presupuestos Forales para 2027 diseñados bajo este paradigma abandonarían la rigidez tradicional para articularse en torno a tres escenarios bien definidos. Junto a un escenario de referencia basado en el crecimiento estimado bajo condiciones de normalidad, aparecerían, por ejemplo, un escenario de estrés industrial y energético que anticipe caídas de demanda en mercados clave europeos o el encarecimiento de las materias primas, y un tercer escenario de endurecimiento financiero marcado por tipos de interés e inflación persistentes. Para cada uno de ellos, el Gobierno de Navarra no haría conjeturas, sino que delimitaría con claridad qué partidas de gasto e inversión son estructurales y se mantienen estables, cuáles quedan condicionadas a la buena marcha de la recaudación y qué cláusulas de revisión automática se activarían si el viento exterior sopla en contra. Tal vez esto le suene a un mero ejercicio académico. No lo es. De hecho, tendría un impacto directo muy real en la economía navarra. La Comunidad Foral acude a los mercados financieros y cuenta con su propio rating crediticio.
Presentar unas cuentas públicas con escenarios de estrés integrados ofrecería un mensaje brutal de seguridad jurídica y solvencia ante inversores, agencias de calificación e instituciones europeas. Demostraría que Navarra no fía su futuro a la improvisación, sino que tiene un plan de contingencia predecible y tasado. Discutir los presupuestos de esta manera elevaría también el nivel del debate político en el Parlamento foral. En lugar de la habitual batalla de titulares sobre las cifras globales de gasto, la oposición y el Ejecutivo tendrían que debatir sobre hipótesis de riesgo, márgenes de seguridad y prioridades reales. Sería, en definitiva, un ejercicio de honestidad con los ciudadanos navarros. Gobernar Navarra en los tiempos que corren no consiste en acertar el futuro, sino en certificar que las instituciones forales están preparadas para proteger el bienestar de su sociedad en cualquiera de los futuros posibles. Si el Convenio Económico nos da la libertad para hacerlo, la realidad actual nos apela a atrevernos.
María Jesús Valdemoros Erro. Lecturer en IESE Business School