Opinión
"Las autovías son un espacio intemporal, son presente, pasado y futuro, un avanzar sin escapatoria mientras te adelantan bacas cargadas de tablas de surf camino de Tarifa y camiones que llevan tomates a Holanda"
"Las carreteras y las playas de antes eran más entretenidas"

Publicado el 17/07/2026 a las 05:00
Dieciséis de julio. Temporada alta. Cierran los bares de las capitales, se llenan las terrazas de los pueblos y no caben las sombrillas en las playas. España en la carretera. “Una autovía es esa carrera entre autos desconocidos donde nadie sabe nada de los otros, donde todo el mundo mira fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia adelante”, así acaba un cuento de Cortázar: La autopista del Sur. He cambiado los tiempos verbales, pero no importa: las autovías son un espacio intemporal, son presente, pasado y futuro, un avanzar sin escapatoria mientras te adelantan bacas cargadas de tablas de surf camino de Tarifa y camiones que llevan tomates a Holanda. Ayer fue día grande en las áreas de servicio, esos no lugares donde no hay marcha atrás, espacios fríos y funcionales donde nadie conoce a nadie y los precios se disparan. Autovía y asepsia, cuatro carriles y monotonía.
Las carreteras nacionales eran otra cosa: cruzabas pueblos, admirabas campanarios góticos, parabas en bares que servían morcillas locales: de arroz en Pancorbo, de patata en Cañaveral, de puerro y cebolla en Beasain. Las carreteras nacionales se llevaban bien con la hipérbole. Las llamaban rutas de la muerte y a veces funcionaban como fruterías. Tenías que frenar súbitamente porque la calzada estaba atestada de conductores llevándose las sandías que cargaba un tráiler recién volcado. La escena me recordaba al mercante que varó en la playa gallega de Arou en octubre de 1927. Los vecinos desvalijaron la bodega llena de botes de pintura. Blanquearon sus casas y la Costa da Morte se llenó de moscas. No era pintura, sino leche condensada. Las carreteras y las playas de antes eran más entretenidas.