Opinión

"Dos avispas como helicópteros, excitadas por el bochorno de julio, directas al antebrazo desnudo de esta militante de la conciencia ciudadana"

"Que San Fermín lo pille confesado ante el altar del lixiviado y que la Mancomunidad, además de la tarjeta magnética, empiece a repartir trajes de apicultor"

thumb

Jose Murugarren

Actualizado el 13/07/2026 a las 23:32

Ahí está ella. Sandalias de verano, determinación al cruzar la calle y una bolsa de basura orgánica con doble nudo en la mano. Hace un calor de justicia, pero la vecina del cuarto va dispuesta. Se planta ante el contenedor. La recogida selectiva exige personas decididas. El ambiente apesta a lixiviado fermentado, las cosas como son. Si aquí estuviera el presidente de la Mancomunidad, entregaría dispensas en la separación de desechos siquiera para sobrevivir a un perfume cocinado a 35 grados que hace claudicar al más devoto del reciclaje. Ella conoce el protocolo. Lo sabe de memoria. Primero, dedo al botón de encendido. Segundo, tarjeta electrónica al lector óptico. “Resuelto”, se dice, en cuanto el artefacto pita. Tercero, mantener el equilibrio en una sola pierna para presionar el pedal con energía. Todo a la vez: una mano sujeta el plástico magnético, la otra sostiene en vilo dos kilos de mondas lirondas y desperdicios. Nadie se haría aquí un selfi para Instagram. 

En pleno ejercicio de funambulismo doméstico, emerge el peligro. Atraídas por los vapores irrumpen ellas. Dos avispas como helicópteros, excitadas por el bochorno de julio, directas al antebrazo desnudo de esta militante de la conciencia ciudadana. Atrapada en su propio andamiaje físico -un pie anclado en el pedal, la carga suspendida en el aire-, agita los brazos en un baile de San Vito a la defensiva. Un combate cuerpo a cuerpo con la única arma de una bolsa que, para colmo, es un postre delicioso para los bichos. En mitad de la batalla, la bolsa entra y la tapa cae. Las avispas parecen dispersarse. La vecina, respira, se aleja frotándose la piel, orgullosa de haber salido ilesa. Cruza de nuevo la calle y saluda satisfecha a un conocido que atraviesa en dirección contraria camino del contenedor. Es justo en ese instante cuando un escalofrío la paraliza: el enemigo alado se ha quedado encerrado dentro del contenedor. Observa al vecino acercarse al artefacto y una pena inmensa la invade. Que San Fermín lo pille confesado ante el altar del lixiviado y que la Mancomunidad, además de la tarjeta magnética, empiece a repartir trajes de apicultor.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora