Opinión
El gran protagonista de los Sanfermines lo tenemos a 9.300 kilómetros
"Con permiso del equipo de Urgencias y el chupinazo, de Roca Rey, de Motxila 21, de Puro Relajo y de muchos otros, el rey de la fiesta este año es Mikel Merino"


Actualizado el 11/07/2026 a las 18:31
El gran protagonista de los Sanfermines estaba este viernes 10 de julio a 9.300 kilómetros de Pamplona. Con un océano y un continente de por medio. Da igual. Con permiso del equipo de Urgencias y el chupinazo, de Roca Rey, de Motxila 21, de Puro Relajo y de muchos otros, el rey de la fiesta este año es Mikel Merino. Pero de la fiesta de un país entero. Un joven de 30 años, pamplonés, padre desde hace dos meses y convertido por méritos propios en el jugador talismán de la selección española de fútbol. Ese que aparece sólo en los últimos minutos, cuando los nervios generan calambrazos, y que es un genio a la hora de resolver al borde del abismo. Por eso, tras su gol ante Bélgica, es “el superhéroe” (Marca), está “tocado por los dioses” (El Confidencial), es “uno para todos y todos para uno” de los mosqueteros (El País), o es “simplemente Mikel” como titula El Mundo.
Un chaval sensato, sencillo, de los que además construye su carrera deportiva desde el esfuerzo, el trabajo y la humildad. Sin divismos, pensando en el equipo y agradecido a la confianza que le da su entrenador, otro genio, Luis de la Fuente. Por eso es imbatible. Y por eso su éxito genera odio entre los que son incapaces de soportar el triunfo de la selección española. Hace falta tener el corazón podrido para colocar una pancarta en mitad de la plaza de toros con el único fin de insultar a todo un país y a una selección. Esa que les hace daño porque va viento en popa e ilusiona a los jóvenes, dos realidades que los odiadores abertzales no pueden soportar (y menos entender, claro). Sólo había que darse una vuelta por la ciudad este viernes, y ver el ambiente, para saber que tienen la batalla perdida. El mismo fanatismo que sirve para echar a varios jóvenes de un bar de Calderería porque llevaban puesta la camiseta de la selección.
Mikel Merino, en su anterior gol genial, ante Portugal, apareció con el pañuelo sanferminero al cuello, para reivindicar sus raíces y a su santo. “No sé qué tiene, pero me guarda, me ayuda”, aseguró sobre San Fermín para dejarlo claro ante todo el país. Merino convertido en un inmejorable embajador de la fiesta. Que nos hace mucha falta, por cierto, estando como estamos tan huérfanos de grandes referentes. Y que atesora mucho más poder de atracción hoy entre la juventud que el que le queda al venerable Hemingway un siglo después de Fiesta.
Javier Leoz, el párroco de San Lorenzo, que no deja pasar una a la hora de buscar cómo acrecentar la devoción popular a San Fermín, debe de estar hilando ya un par de ideas en su cabeza. Al tiempo.