Opinión
"Los revolucionarios con arete en la oreja quieren hacer compatible la dialéctica de la historia con la moda: robar camisetas de la selección española es un esnobismo disfrazado"

Publicado el 05/07/2026 a las 05:00
El activismo revolucionario de Ernai se ha retratado estos días en que el mundial de fútbol regatea a los debates políticos. Mientras caen eliminatorias, en la política nacional se pitan penaltis y se muestran tarjetas rojas. Con la nómina de nuevos imputados de la SEPI y aledaños se podría formar dos equipos de tuercebotas uruguayos. Pero los revolucionarios con arete en la oreja quieren hacer compatible la dialéctica de la historia con la moda: robar camisetas de la selección española es un esnobismo disfrazado. Las imágenes captaban a varios jóvenes alegres y combativos ocultos tras unas barbas compradas en un chino. Se llevaban ropa a mayor celeridad que las abuelas el primer día de ofertas del Corte Inglés. Después de que España le bailara un vals a la selección austriaca, alguien haría bien en mostrarles a estos chicos la fotografía de uno de sus héroes terroristas celebrando el mundial de Sudáfrica con camiseta nacional homologada.
El fútbol es así; irracional; la antipolítica, también. Pero a estos chicos de la gasolina les han mostrado una fotografía del Carnicero de Mondragón y, dado el carisma del estropajo humano, se han visto identificados. Nadie daba un duro por Cabo Verde y llegó hasta los arrabales de Buenos Aires. Los nacionalistas burgueses del PNV, Geroa Bai (et alii), tampoco daban un duro político por los que agitaban el árbol, y ahí aparece EH-Bildu, que disfrazado con las barbas postizas del progresismo amenazan con ganarles por goleada. No es extraño. Los partidos convencionales no alcanzan ya a mostrar alternativas atractivas. La izquierda abertzale les muestra el camino a los jóvenes indocumentados: una lengua nueva, un territorio sacralizado, un regreso a la mitología. Colonizados desde hace años el feminismo, el ecologismo y hasta los deportes rurales, el neofascismo ruralista gana adeptos. Nuevos -y no tan nuevos- votantes no desean convencionalismos, sino sueños, utopías raciales, lenguas adánicas. La razón tardó siglos en vencer a la mitología. Estamos de vuelta en la casilla de salida. Gol.