Opinión
"La pirámide de la población ya no es digna de tal nombre: la sociedad ha envejecido. ¿Cómo afrontar ese desafío?"
"Exigimos derechos, olvidamos nuestras obligaciones. Una de ellas debería ser calibrar nuestro comportamiento para contribuir, aunque sea un poquito, a la mejora de la comunidad. Eso pasa por acompañar y apoyar a los mayores"

Publicado el 18/05/2026 a las 05:00
Las medidas económicas cambian de significado si tenemos en cuenta el envejecimiento de una sociedad. Ejemplo uno, la tasa de mortalidad en Alemania (número de fallecidos por cada mil habitantes) es mayor que la tasa de mortalidad de Kenia. Ejemplo dos, realizamos una investigación científica para estudiar el efecto de la dieta mediterránea en la salud. Al grupo de intervención se le asigna la mencionada dieta; el grupo de control come sin ningún tipo, precisamente, de control. Observamos que los indicadores de salud de los primeros son peores. ¿Cómo se explica? En ambos casos la clave está en la edad.
Uno, Alemania es una sociedad más envejecida que la keniata, por eso tiene más fallecidos. Dos, el investigador no ha tenido en cuenta que las personas mayores tienden a comer más sano y no mueren por la dieta; se trata de sus años de vida. Se ha cometido un error de diseño al realizar la investigación. La pirámide de la población ya no es digna de tal nombre: la sociedad ha envejecido. ¿Cómo afrontar ese desafío? Para contestar a la pregunta evaluaremos cuatro áreas: pensiones, soledad no deseada, sanidad y responsabilidad personal.
Respecto del sistema de pensiones: el desajuste es brutal, tan enorme que España ha sido acusada de utilizar fondos de la Unión Europea para cubrir estos gastos. En este asunto, todos los partidos políticos faltan a la verdad. Saben muy bien que el sistema es insostenible. Tarde o temprano llegará el ajuste y será obligado por Europa ya que habrá dos opciones: o salirnos del euro (con una devaluación enorme de la moneda) o equilibrar las cuentas públicas. Eso es debido a la interacción existente entre el mercado de divisas, el de bonos y el de la deuda pública. Para intuir el futuro debemos volver a Alemania. Su Canciller Friedrich Merz lo tiene claro: “las pensiones estatales se van convertir en coberturas básicas”. Como dice el lenguaje popular, blanco y en botella.
Continuamos con la soledad no deseada. Es un asunto tan grave que algunos países ya han creado un ministerio dedicado a tal fin. Son extraños los casos de personas fallecidas en su hogar que permanecen en el mismo durante años. Son más habituales situaciones en las que los fallecidos están horas o algún día abandonados sin que nadie sepa nada de ellos; por eso han dejado de ser noticia. Personas solas o que pese a la compañía se sienten solas (aspecto también relevante) son personas tristes, y eso, de una manera u otra, se traslada a la sociedad. La tristeza y la alegría son emociones contagiosas. Además, el hecho de que alguien se encuentre animado crea un dinamismo que llega a ser económico: es más fácil que una persona así haga turismo, vaya al cine, al teatro o salga a comer a un buen restaurante. Los puristas del mercado alegan que éste tiene solución para todo; en este caso, se podría contratar amigos por horas. En Japón, los robots hacen compañía. No parece lo más adecuado: valores como la naturalidad, el cariño o la sinceridad no se contratan. En este aspecto muchos inmigrantes hacen una gran labor en el cuidado de nuestros mayores. ¿Quién cuidará a los ancianos de los países con muchos emigrantes?
Una sociedad envejecida requiere de más recursos para la sanidad. Respecto de este tema, insistir una vez más en que no se entiende cómo el aumento de población no se traduce en la construcción de más centros de salud o en la formación de más médicos. Además de eso, se deben proponer medidas imaginativas y creativas. No van a ser fáciles. No deben ser simplistas y populistas. Se plantean seis opciones. Uno, ampliar el rango de acción de las farmacias; es decir, que se puedan usar para realizar consultas básicas. Dos, aprovechar la fiscalidad para penalizar el consumo de productos que se saben dañinos para la salud (los cuales generan externalidades negativas) y promover productos más saludables mediante subvenciones (generan externalidades positivas). Tres, repensar la estructura de los centros para el cuidado de los mayores buscando especializaciones por nivel de discapacidad de cada persona (economías de escala). Cuatro, aprovechar los inmensos avances tecnológicos para mejorar la gestión de los centros sanitarios. Cinco, que el gasto en sanidad privada sea fiscalmente deducible, para evitar así que quienes la eligen paguen dos veces. Seis, promover espacios públicos saludables: el contacto con la naturaleza es vida. Falta evaluar nuestra responsabilidad personal.
Exigimos derechos, olvidamos nuestras obligaciones. Una de ellas debería ser calibrar nuestro comportamiento para contribuir, aunque sea un poquito, a la mejora de la comunidad. Eso pasa por acompañar y apoyar a los mayores. Los familiares y más cercanos, con tiempo. Si lo deseamos, existen opciones de voluntariado. Al resto, con educación y buen talante. Recuerdo a una tía abuela comentar “no sabéis cuánto se agradecen las visitas”. Si no nos movemos o no actuamos, no suele ser por falta de opciones.
Javier Otazu Ojer. Economía de la Conducta. UNED de Tudela