Editorial

Caos político en Reino Unido

La revuelta en el laborismo cuestiona el liderazgo de Starmer, primer ministro británico y deja en segundo plano la agenda legislativa del discurso del rey

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Editorial DN

Publicado el 14/05/2026 a las 05:00

Nunca un primer ministro británico renunció después de un resultado adverso en elecciones locales. Pero los comicios en los que el Partido Laborista perdió cerca de 1.500 concejales hace una semana frente al fuerte avance de la ultraderecha han desencadenado un movimiento interno que cuestiona el liderazgo de Keir Starmer. 

No resulta fácil comprender qué pretenden las decenas de parlamentarios que secundan la revuelta, más allá de su preocupación por conservar el asiento en los comicios generales previstos para dentro de tres años. En julio de 2024, el laborismo volvió al 10 de Downing Street después de 14 años de gobiernos conservadores en Reino Unido. Obtuvo en los Comunes 403 escaños de 650, una enorme mayoría que incluye a no pocos parlamentarios inexpertos a los que, por un lado, resulta imposible colocar en cargos públicos y que, por otro, pueden creer que jugar a la disidencia no afectará a la posición de poder del partido. 

Un apoyo tan holgado pudo llevar a Starmer a descuidar la cohesión en la Cámara. Después de casi dos años en el cargo, al primer ministro se le reprocha su nefasta comunicación y, más relevante sin duda, su incapacidad para conformar un equipo de gobierno solvente. 

De hecho, además de dimisiones de segundo nivel, es posible que hoy mismo renuncie su ministro de Salud —Wes Streeting — para presentarse como candidato a liderar al laborismo. Lo haría desde el ala más conservadora del partido. Streeting se postularía frente a un rival más izquierdista, el alcalde del Gran Mánchester, Andy Burnham, que ni siquiera es parlamentario. Y aún podrían aparecer más contendientes contra Starmer. 

La apelación del primer ministro a la estabilidad en tiempos de turbulencia mundial poco importa en el seno de un partido ignorante de que la impopularidad de su líder, más que llevar a su dimisión, tiene que servir de estímulo para hacerlo mejor. La opción por el caos y la parálisis desprecia incluso la agenda legislativa del Gobierno que ayer presentó Carlos III. El ‘reality’ político se impone a la gestión.

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