Opinión
Guerra a la verdad

Publicado el 10/05/2026 a las 05:00
El mundo está plagado de guerras. Superan el medio centenar. Los más castigados por ellas son los africanos y los asiáticos. En nuestra parte del mundo nos preocupamos especialmente por Irán, Ucrania, Líbano y Gaza. En todas ellas sucede lo mismo: incontables civiles sufren horrores de toda clase para que quienes han decidido lanzarse a la batalla obtengan poder, riqueza o dominio físico y estratégico sobre bienes naturales, recursos energéticos, territorios y rutas marítimas.
Hace poco, cuando llegaban noticias de las zonas en conflicto, era familiar la imagen de los reporteros con casco y micrófono, cámara o libreta, jugándose la vida para contar lo que pasaba de verdad sobre el terreno a las personas de carne y hueso a las que se acercaban lo más posible para convertirse en su voz. Ahora parece que basta con un relato neutro ilustrado con vistas de misiles, drones y explosiones en la lejanía. Y si hay imágenes de satélite con la comparación del antes y el después, mejor. Los juegos de guerra son entretenidos porque se parecen a la realidad virtual en la que vive gran parte de la sociedad, gracias a las utilidades más populares y superficiales de las redes sociales y de la inteligencia artificial. Las historias de las personas de carne y hueso que sufren las consecuencias son inquietantes porque se refieren a realidades que todos podemos experimentar.
Ahora que la última guerra ha empezado a notarse en el bolsillo de los ciudadanos de todo el mundo, parece que ya no bastan los juegos y los ciudadanos piden que les expliquen los hechos de una manera razonable. Cuando comenzó la guerra en Irán (y Líbano), las cuentas de redes sociales que controla la Casa Blanca publicaron vídeos de los bombardeos, mezclados con imágenes de videojuegos populares, con su banda musical incluida. Iba a ser la guerra de la inteligencia artificial, la guerra relámpago de la tecnología superior indestructible. Para entonces, tanto Trump como su secretario de Defensa, Pete Hegseth, habían conseguido convertir sus salas de prensa en un coro de aduladores donde reinan los “influencers” de TikTok y los periodistas profesionales apenas tienen voz.
Hay muchos comunicadores con habilidad para el manejo de las redes sociales y las herramientas de inteligencia artificial que pueden ofrecer contenidos espectaculares al instante, con imágenes atractivas, sobre temas de actualidad, pero sin ninguna garantía de que se correspondan con la realidad. Y estos contenidos que aparecen al mismo nivel que las últimas tendencias del esmalte de uñas o la mejor dieta para la operación bikini, tienen capturadas a audiencias que consideran que la única verdad absoluta es la que les contesta el teléfono en un segundo cuando le preguntan algo o lo que les dice su influencer favorito.
Mientras tanto, cientos de miles de periodistas en todo el mundo insisten en hacer su trabajo para informar sobre lo que sucede en el mundo, buscando datos, estudiando, entrevistando a los protagonistas de la noticia o contando hechos de los que han sido testigos directos, contrastando distintas fuentes, comprobando la veracidad de los hechos. La Federación Internacional de Periodistas ha llamado la atención sobre las nuevas maneras de silenciar a la prensa con la vigilancia a través de las redes, el espionaje digital, el robo de identidades, los canales automáticos información sin criterios éticos y el plagio de fragmentos de informaciones reales para dar verosimilitud a falsedades completamente inventadas. Los nuevos medios de información viven del trabajo que hacen los periodistas profesionales y los medios tradicionales que tienen un prestigio adquirido por años de experiencia. La magia instantánea no existe en el mundo de la información periodística real.
Hay muchos periodistas que pierden la vida porque están contando lo que pasa de verdad en países en guerra o zonas violentas. El año pasado 128, según los datos de la Federación Internacional de Periodistas. En lo que llevamos de año, 9. Según la UNESCO, son datos equiparables a las peores etapas del siglo pasado, cuando la humanidad pasó por las dos guerras mundiales y sobrevivió a regímenes como los de Hitler, Stalin, Pol Pot o Mao. El pasado domingo, que era el día internacional de la Libertad de Prensa, el Papa León XIV hizo un homenaje no sólo a los periodistas que han sido asesinados por hacer su trabajo sino también a los que continúan adelante en un mundo en que su libertad está siendo vulnerada “a veces de manera evidente y otras de forma oculta”. Son dijo, testigos de la verdad y la justicia.
Olga Brajnovic es periodista.