Opinión
"Defender al médico es defender la sanidad"
"Durante años, el sistema ha resistido apoyándose en la vocación y el esfuerzo adicional de sus profesionales. Pero ningún modelo puede sostenerse indefinidamente sobre el desgaste"

Publicado el 30/04/2026 a las 18:33
Los datos del Barómetro Sanitario del Ministerio de Sanidad y el CIS no admiten interpretaciones complacientes. La valoración global de la sanidad pública en Navarra ha descendido de forma sostenida en los últimos años, pasando de niveles cercanos al notable antes de la pandemia a situarse en torno al 6 en los registros más recientes, lo que la sitúa en posiciones medias dentro del conjunto del Estado. Al mismo tiempo, las encuestas de satisfacción del propio Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea reflejan una aparente paradoja: la atención recibida alcanza puntuaciones superiores al 8, destacando el trato, la profesionalidad y la confianza en los profesionales. Esta diferencia no es casual. Explica con claridad dónde se encuentra el origen del problema. La ciudadanía sigue confiando en sus profesionales, pero percibe que el sistema no responde como debería. Las dificultades para conseguir cita, las listas de espera, la sobrecarga asistencial o la sensación de desajuste organizativo han ido deteriorando esa percepción global. Y, sin embargo, la sanidad continúa funcionando. No por inercia ni por su diseño estructural, sino por la implicación de quienes la sostienen cada día. Porque la sanidad es, y debe ser, un trabajo en equipo. En ella participan múltiples profesionales imprescindibles: celadores, auxiliares, personal de enfermería, técnicos y administrativos. Todos forman parte de un engranaje complejo sin el cual la atención no sería posible. Pero reconocer ese carácter colectivo no puede llevarnos a obviar una realidad fundamental: la responsabilidad última del acto asistencial, del diagnóstico y del tratamiento recae en el médico. Afirmarlo no es corporativismo, es describir la naturaleza misma de la práctica clínica.
El acto médico implica tomar decisiones en contextos de incertidumbre, asumir riesgos, priorizar y responder ante el paciente y ante la sociedad. Se trata de una responsabilidad indelegable que no se ejerce desde el privilegio, sino desde una exigente formación prolongada, una actualización constante del conocimiento y un compromiso ético que acompaña toda la vida profesional. Y precisamente por ello, para poder ejercer con rigor, esa responsabilidad requiere condiciones que hoy no siempre se dan: tiempo suficiente para escuchar y valorar, autonomía clínica para decidir con criterio y entornos laborales que no estén dominados por la saturación o la carga burocrática. Muy al contrario, los médicos desarrollan su labor en consultas y agendas desbordadas, con guardias que acumulan fatiga, tareas administrativas que invaden el espacio clínico y decisiones organizativas que, en demasiadas ocasiones, se adoptan alejadas de la realidad asistencial. Durante años, el sistema ha resistido apoyándose en la vocación y el esfuerzo adicional de sus profesionales. Pero ningún modelo puede sostenerse indefinidamente sobre el desgaste. En las últimas semanas ese desgaste se ha hecho evidente y han aflorado conflictos que llevaban demasiado tiempo latentes. Y, de forma preocupante, el foco se ha puesto sobre los médicos, como si fueran el problema. Es una lectura errónea, simplista e injusta. Los facultativos no han generado esta situación. De hecho, son en gran medida quienes están evitando que el deterioro sea mayor. Así lo reflejan los propios pacientes cuando diferencian entre la calidad de la atención recibida y el funcionamiento del sistema. Y lo venimos señalando desde este Colegio de Médicos desde hace años: lo que necesita la sanidad navarra no son ajustes superficiales, sino una transformación profunda que afronte sus problemas estructurales.
Reducir este debate a una cuestión laboral o retributiva no solo es simplificarlo, sino distorsionarlo. Cuando se reclaman condiciones adecuadas, lo que se está defendiendo es la seguridad del paciente. Cuando se solicita tiempo en consulta, se está protegiendo la calidad asistencial. Cuando se reivindica autonomía clínica, se está garantizando la capacidad de tomar decisiones ajustadas a cada situación concreta. Y cuando se defiende el profesionalismo médico, lo que está en juego no es un colectivo, sino el propio modelo de sanidad pública. Conviene también reconocer la complejidad de la gestión sanitaria, una tarea exigente y, a menudo, poco visible, que desempeñan profesionales que en muchos casos comparten la misma vocación asistencial. Este no debe ser un debate de confrontación, sino de corresponsabilidad. El cambio que necesita la sanidad exige la implicación de todos, también desde la gestión, reforzando modelos más eficaces, sostenibles y alineados con la realidad asistencial.
No estamos ante un conflicto sectorial. Nos encontramos ante una cuestión de fondo que afecta a la sostenibilidad del sistema. No se trata de confrontar, sino de asumir con responsabilidad la necesidad de cambio. Y, sobre todo, no se puede abordar esa transformación sin contar con quienes tienen la responsabilidad directa de la atención clínica. Porque sabemos que cuando el sistema falla, quien sufre es el paciente. Y porque tenemos la responsabilidad -ética y profesional- de alzar la voz cuando las condiciones no permiten ejercer la medicina como debe ser ejercida. Hoy más que nunca, es necesario devolver al médico la dignidad profesional que, de manera progresiva, se le ha ido arrebatando. No como un gesto simbólico, sino como una condición imprescindible para garantizar el futuro de la sanidad. A la sociedad navarra queremos trasladarle un mensaje claro: pueden seguir confiando en sus médicos. Seguiremos estando ahí, como siempre, con profesionalidad, compromiso y vocación de servicio. A nuestros compañeros, nuestro reconocimiento. Porque, a pesar de las dificultades, continúan sosteniendo la sanidad con su trabajo diario. Y a la Administración, una apelación serena pero firme: escuchad, dialogad, reformad. Y, sobre todo, contad con nosotros.
Tomás Rubio Vela. Presidente del Colegio Oficial de Médicos de Navarra, en representación de su Junta Directiva