Opinión
Cuando el árbol no deja ver el bosque sanitario
"La comparecencia ha generado algunas reacciones difíciles de comprender por parte de ciertos colectivos que se han sentido ofendidos, contribuyendo a crear un clima de tensión tanto en el ámbito laboral como en los medios"

Publicado el 21/04/2026 a las 19:00
El pasado 14 de abril, el Sindicato Médico (SMN) compareció en la Comisión de Salud del Parlamento de Navarra para exponer la sobrecarga que soporta el colectivo médico. En esta intervención participaron dos profesionales ampliamente respetados por sus compañeros: Victoria Güeto, de Atención Primaria, y Gorka Docio, del ámbito hospitalario, quienes compartieron de forma directa y clara la realidad de su trabajo diario. En ambos casos, se dejó claro que las reivindicaciones no se dirigen contra otros colectivos sanitarios, sino hacia una administración que, a día de hoy, no ha sido capaz de dar una respuesta eficaz a esta situación. En el ámbito hospitalario, se puso de manifiesto la enorme cantidad de horas obligatorias que los médicos deben realizar por encima de la jornada ordinaria de cualquier trabajador navarro, sea sanitario o no. Situación no regulada en Navarra y que puede calificarse como una esclavitud encubierta ya que esas horas no cuentan como tiempo trabajado. Por su parte, en Atención Primaria se detallaron parte de las causas de esta presión asistencial. Se explicó cómo agendas que, en teoría, están “cerradas” -salvo para urgencias vitales o atención no demorable- superan diariamente los límites asistenciales establecidos, llegando con frecuencia a más de 70 pacientes por jornada.
Esto se traduce en prolongaciones habituales de una o dos horas sobre el horario previsto. A ello se suma una cuestión especialmente preocupante: la sensación de no poder trabajar con las condiciones de seguridad, concentración y calidad asistencial que los propios profesionales consideran necesarias, todo ello en un contexto de creciente agotamiento físico y mental. Una realidad que se repite día tras día. En Mendillorri, y en otros centros, la plantilla de enfermeras es más del doble que la plantilla médica. Los pacientes que desean ser vistos por su médico, pero no tienen hueco, se citan con enfermería inicialmente pero algunos de ellos son posteriormente citados forzados al médico, ya que la enfermera, pese a trabajar correctamente, no puede resolver el caso por sí sola (recordar aquí que la formación y las funciones son diferentes).
La comparecencia ha generado algunas reacciones difíciles de comprender por parte de ciertos colectivos que se han sentido ofendidos, contribuyendo a crear un clima de tensión tanto en el ámbito laboral como en los medios de comunicación. Todo ello, probablemente, alentado por organizaciones sindicales que han distorsionado el mensaje, en algunos casos con evidentes intereses ajenos al fondo del problema. Resulta especialmente llamativo que alguno de estos representantes haya reconocido no haber visionado siquiera la comparecencia completa. Cuesta entender estas interpretaciones cuando, precisamente, en la intervención se puso en valor de forma explícita el trabajo de enfermería, con afirmaciones claras como “enfermería no es la culpable” o “gracias a ellas funcionamos”. La controversia parece centrarse en la mención a las constantes interrupciones que experimentan los médicos durante su jornada laboral por parte de distintos estamentos del centro de salud. Una realidad cotidiana que difícilmente puede considerarse una invención, y el mencionarla, no pretende denostar a otros colectivos. A veces el “árbol no nos deja ver el bosque” y este bosque de la Atención Primaria y Hospitalaria nos lo están talando los responsables de cuidar del mismo: sus gestores y quien los pone en sus cargos.
Alberto Pérez, Rosa Alás y Juan Ramón Sanchiz, en nombre del resto de la Ejecutiva del Sindicato Médico.