Opinión

El modelo fiscal: una herramienta clave para el progreso de Navarra

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Javier Taberna

Publicado el 20/04/2026 a las 05:00

Si buscamos un denominador común en todas las regiones que han logrado combinar prosperidad económica, cohesión social y atractivo para empresas y talento, encontraremos siempre un elemento esencial: un modelo fiscal bien diseñado, coherente y alineado con su estrategia de desarrollo. La fiscalidad no es sólo un instrumento recaudatorio. Es, sobre todo, una herramienta de política económica capaz de impulsar la actividad empresarial, fomentar la creación de empleo y convertir a un territorio en un lugar donde las personas quieran invertir, trabajar y vivir.

Tras la reforma fiscal de 2015, desde la Cámara de Comercio abogamos por impulsar un sistema fiscal que, como instrumento de política económica, facilitara que las empresas de nuestro territorio fuesen más competitivas. De esta forma, se generarían mayores salarios y retornos a la inversión, lo cual a su vez repercutirá positivamente, vía fiscal, en los ingresos públicos.

Para ello, nuestro sistema fiscal debe ajustarse a los principios de un modelo fiscal eficiente. Primero, la suficiencia económica para cubrir las necesidades del gasto público sin que ello penalice la creación de riqueza, el emprendimiento, la inversión o la innovación. Segundo, la equidad y justicia fiscal en sus dos vertientes; equidad horizontal (igual trato a igual capacidad económica) y equidad vertical (mayor contribución de quienes más tienen). Tercero, la sencillez, de manera que el sistema sea claro, entendible y predecible para trabajadores, empresarios e inversores y ciudadanos. Cuarto, la neutralidad económica, evitando las posibles distorsiones sobre la inversión, el empleo, el ahorro y el consumo. Quinto, la seguridad jurídica y la estabilidad: reglas previsibles y cambios moderados. Y, por último, la transparencia que supone tener claridad sobre lo que se paga y cómo se gasta.

Cuando estos principios se debilitan o no existen, el sistema deja de ser un motor del desarrollo y puede convertirse en un freno. En este sentido, los informes recientes que comparan Navarra con otros territorios muestran que, en aspectos clave, hemos perdido competitividad fiscal. Y esto afecta directamente a nuestra capacidad para atraer talento, inversión y empleo de calidad.

No se trata solo de grandes compañías. El impacto alcanza también a autónomos, emprendedores y profesionales cualificados que, al comparar su carga fiscal con la de regiones vecinas, eligen asentarse fuera de Navarra. A ello se suma que, en 2025, nuestra economía creció menos que la media española y el mercado laboral perdió dinamismo. Si consideramos, además, que la Comunidad foral figura entre las regiones con mayor presión fiscal, el diagnóstico es claro: nuestro sistema no está actuando como un motor económico y está restando atractivo al territorio.

La evidencia internacional respalda esta preocupación. Estudios recientes de organismos como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), la Tax Foundation o la OCDE muestran que numerosos países están reformando sus sistemas tributarios para promover el crecimiento, frenar la fuga de talento y atraer inversión productiva. Casos como Irlanda o Estonia demuestran que la competitividad fiscal no significa recaudar menos, sino diseñar sistemas más eficientes que generen más actividad económica y, en consecuencia, más ingresos sostenibles.

Estonia, por ejemplo, grava en el impuesto de sociedades únicamente los beneficios distribuidos, de modo que las empresas pueden reinvertir sin coste fiscal. Además, su profundo proceso de digitalización -incluido el principio administrativo de “solo una vez”- ha reducido significativamente la burocracia y el gasto público no productivo. El resultado ha sido más crecimiento, más inversión y unas finanzas públicas más sólidas.

La enseñanza es evidente. Un sistema fiscal competitivo no consiste en bajar impuestos sin criterio, sino en crear condiciones que impulsen el crecimiento, la productividad y el empleo.

En este contexto, Navarra dispone de una herramienta extraordinaria: nuestro régimen foral. Gracias a él, nuestra comunidad logró transformarse en pocas décadas en una región industrializada, innovadora y con altos niveles de bienestar. Pero esta ventaja solo será eficaz si la utilizamos con ambición y visión de futuro.

Si queremos que nuestras empresas generen más empleo, más innovación y mejores salarios, necesitamos un marco fiscal que no las coloque en desventaja frente a sus competidoras. Navarra cuenta con activos valiosos -una excelente calidad de vida, un entorno empresarial dinámico, grandes empresarios y profesionales y centros formativos y universidades de primer nivel-, pero sin una fiscalidad adecuada corremos el riesgo de seguir perdiendo oportunidades y con ellas nuestro futuro.

Javier Taberna Jiménez. Presidente Cámara de Comercio de Navarra.

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