Opinión
Al mal tiempo, buena cara

Publicado el 20/04/2026 a las 05:00
La verdad es que me encantaría escribir algo alegre y lustroso que estuviera acorde con una primavera cada vez más cálida y luminosa, pero no me resulta precisamente fácil, continuamos fríos y apagados: dos perturbadores frentes borrascosos no cesan de azotar nuestros cada vez más encogidos corazones. En efecto, por un lado, las inacabables mil contiendas de fuego y muerte, de hambre y dolor, de hogares destruidos y familias destrozadas, unas guerras casi satánicas de infinito coste humano, nos devuelven al más primitivo neandertalismo y nos congelan el alma; y por otro, tampoco nos llegan mejores aires desde la Carrera de san Jerónimo en la que, como si una Dana endémica les persiguiera, nuestros padres de la patria parecen enloquecidos y su griterío esperpéntico, ensordecedor y de mal gusto, no solo nos destroza los tímpanos, sino que también nos abochornan y deprimen. Verdaderamente preocupante.
Pues sí, ese descontrolado tren de borrascas nos deja descolocados, pesimistas, apagados, impidiendo disfrutar de la vida tal como merecemos. Tiempos desapacibles que nos ensombrecen las ideas y nos constriñen las voluntades y tampoco es eso… necesitamos vivir. Así que, y disculpen que me repita -aunque lo repetitivo puede llegar a ser creativo y si no, recordemos el pertinaz pero extraordinario bolero de Ravel- no podemos permitir que esos malos vientos nos arrastren al huerto por lo que necesitamos, tal como ya lo hemos insinuado en otras ocasiones, ajustar el chip, visionar el mundo de otra manera y ponerle buena cara a este mal tiempo. Una propuesta más que razonable,
Pero, ¿es posible poner buena cara a tanto despropósito? ¿Acaso está a nuestro alcance mejorar este oscuro panorama que nos llena de miedos e incertidumbres apocalípticas? Pues por supuesto que no. Está claro que a nivel internacional nada podemos hacer salvo rechazar públicamente tamañas atrocidades, ni tampoco a nivel institucional para apañar la cordura y coherencia de nuestros responsables políticos más allá de ser consecuentes democráticos en las urnas. Sin embargo, no todo está perdido: al menos está en nuestras manos entibiar los malos presentimientos que nos acechan. Nos lo debemos… además, una primavera apasionada nos está esperando.
Entonces, ¿qué podemos hacer que nos alivie esta nuestra desazón existencial? Tarea complicada cuando no tenemos una varita mágica que nos apañe el problema; sin embargo, siempre dependerá de nosotros el intentarlo. Personalmente yo he optado por algo que puede parecer ingenuo, pero que espero resulte: sonreír a la vida en sus múltiples manifestaciones. Sin ir más lejos, por ejemplo, a esta primavera que nos acompaña agradeciéndole y abrazando su calidez en cualquier paseo al sol suave del atardecer; y, por supuesto, a los demás, al otro, al que tengo cerca, a nuestra familia, al vecino del 5º… a mi prójimo. Con esa sonrisa -no olvidemos que es la distancia más corta entre dos personas- que nos hace sentirnos reconocidos y valorados y en cierta manera queridos, que nos recuerda que estamos vivos y que acaba resultando un acto de solidaridad pues, tal como la entiende el filósofo norteamericano R. Rortry , “ensancha el nosotros” y nos hace más humanos. Pura magia.
Así pues, como obras son amores que no buenas razones y pasando a la acción, hoy le voy a invitar a un vermú a ese colega que, aunque nuestras ideologías son muy distintas, es buena gente y, por supuesto, no peor que yo: nos sentaremos en una terracita, hablaremos de lo divino y de lo humano y tal vez hasta de lo que nos diferencia y… le sonreiré. Que sí, que la situación no está como para tirar cohetes, pero al mal tiempo, qué menos que una sonrisa.
Luis Arbea es filósofo y psicólogo.
