Opinión
Cuando se cierra un aula...
"Una comunidad que pierde niños pierde futuro. Y una comunidad que no cuide debidamente su universidad pierde o daña uno de los motores que la sostienen"

Publicado el 17/04/2026 a las 05:00
Hay noticias que parecen afectar sólo a un colectivo acotado: ej. a las familias con niños pequeños escolarizables y a su profesorado; pero en realidad son un aviso serio para todos. Te incluyo. Hoy aludo al ámbito educativo. Uno de esos ámbitos (educación, sanidad, pensiones) de los que suelen presumir mucho algunos gobernantes. Y de los que no presumimos tanto a veces los (supuestos) “beneficiarios” del sistema. Un sistema cuyas Administraciones cada vez consumen más recursos (impuestos, personal…) sin mostrarse capaces de rentabilizarlos con mejores, más cercanos, y más ágiles servicios. Hace unas semanas supimos que en Navarra se suprimirán aulas de Infantil el próximo curso. No es una decisión menor. Más allá de todos los posibles argumentos (no quiere ser ese el objeto de este artículo, ni llevar a cabo un análisis casuístico), hemos de admitir que en la decisión comunicada subyace algo grave: cada vez nacen menos niños. Eso es un dato. Otro dato: muchas parejas declaran haber tenido menos hijos de los que les hubiera gustado tener y poder sacar adelante.
Sigamos con datos: En 2024 se registraron en Navarra unos 4.500 nacimientos. Hace apenas diez años eran más de 6.000. Hemos perdido en torno a una cuarta parte en una década (-26%). No es una oscilación puntual; es una tendencia. Y las tendencias demográficas, cuando se consolidan, no dan tregua. Y sabemos a dónde nos llevan: y, sin embargo, hablamos con frecuencia, sí, del calentamiento global… pero muy poco del invierno demográfico. Yo me quejo de esto último. A partir de ahí, me gustaría plantear una pregunta: ¿de verdad cree alguien que esto se va a quedar en la etapa de Infantil o en los colegios? Lo que hoy afecta a Infantil llegará mañana a Primaria y Secundaria y, dentro de unos años, a la universidad. Sin ruido, quizás sin grandes titulares hasta que tenga difícil remedio… pero con consecuencias más que relevantes. Y aquí Navarra tiene mucho en juego. Porque nuestras universidades no son un mero complemento para la Comunidad foral. Son un pilar, una pieza estructural de nuestro modelo cultural, social y económico. Entre la Universidad de Navarra y la UPNA suman cerca de 25.000 estudiantes, miles de profesionales, investigación, transferencia de conocimiento, atracción internacional y una actividad que se deja sentir en el comercio, la hostelería, la vivienda, el empleo, los ingresos (incluidos los fiscales), la vida cultural y social…
¿Qué sería de Pamplona -de Navarra- sin el dinamismo universitario, o, por ejemplo, el de algunas instalaciones sanitarias vinculadas al mismo? Por eso, cuando baja la natalidad, no estamos ante un problema educativo aislado. Estamos ante todo un reto estratégico. Menos nacimientos hoy pueden significar directamente menos estudiantes mañana. Y menos estudiantes pueden traducirse en menos sostenibilidad, menos innovación y menos capacidad de captar o retener talento. No se trata de alarmismo. Se trata de que no haga falta que nos demos de bruces con una situación que acaecerá en mayor medida si nos quedamos mirando “al tendido”. Navarra no puede limitarse a gestionar el descenso, cerrando aulas (he dicho que no quería analizar esto hoy), estructuras e infraestructuras. Tiene que pensar en clave proactiva. Eso pasa, en primer lugar, por tomarse en serio la natalidad. No como un eslogan, sino como una política transversal real que hoy no se da en la medida en que se necesita: vivienda accesible, empleo estable, impuestos razonables, conciliación real, seguridad para las familias que quieren tener hijos... Porque a veces no es que no se quiera, sino que faltan unas mínimas condiciones…
La situación pasa también por abrirse más. Atraer estudiantes de otras CCAA y de otros países no debe ser una opción secundaria; es una necesidad creciente. Y Navarra tiene mucho que ofrecer si sabe facilitarlo y contarlo. Todo pasa, además, por repensar el propio papel de la universidad: más formación a lo largo de la vida, más conexión con la FP y con la empresa, más capacidad de adaptación a una sociedad que ya no funciona por etapas ni en colectivos cerrados. Las aulas de Infantil que hoy se cierran no son sólo aulas. Son un aviso. Todo un síntoma. Y conviene no equivocarse en el diagnóstico ni en el abordaje del problema. Porque una comunidad que pierde niños pierde futuro. Y una comunidad que no cuide debidamente su universidad pierde o daña uno de los motores que la sostienen. Navarra está a tiempo. Hay que mirar más allá del corto plazo. Necesitamos más soluciones que propaganda, más prevención que reacción. Que no ocurra eso de que cuando el sabio señale la luna, el necio se quede mirando el dedo. Los sabios hace mucho que nos lo vienen advirtiendo. Pero, por lo visto, no basta. A los hechos, a los datos, me remito.
José Iribas Sánchez de Boado. Director de Relaciones Institucionales de CampusHome
