Opinión

"Lo confieso. En otra vida cometí un delito. Y jamás me pillaron. Sin embargo, hoy tengo la necesidad de apechugar con la verdad y hacerlo público"

Me declaro oficialmente culpable de falsificar un documento oficial y de haber salido impune de aquello

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Íñigo González

Actualizado el 26/03/2026 a las 11:33

Lo confieso. En otra vida cometí un delito. Docente, es verdad, pero delito. Y jamás me pillaron. Sin embargo, hoy tengo la necesidad de apechugar con la verdad y hacerlo público. Por ello, y desde esta ventana privilegiada que me ofrece el periódico, me declaro oficialmente culpable de falsificar un documento oficial y de haber salido impune de aquello. Eso sí, como ya casi estoy escuchando las sirenas de policía viniendo a por mí, también adelanto en mi descargo que creo que ha prescrito. 

Ocurrió en 1996. Hace ahora exactamente 30 años, y la infracción fue doble. Lugar: Instituto Plaza de la Cruz de Pamplona. Para ser más exactos: Aula de 2ºH, última fila y segundo pupitre empezando por la izquierda. Allí, con total descaro, copié en el examen de Latín desde una sofisticada chuleta. Bueno, eran las declinaciones escritas con pilot en la palma de mi mano, pero con buena letra, de ahí lo refinado. Y todo fue bien hasta que entregué la prueba (con esa misma mano) y la profesora de la que no retengo el nombre pero sí su cara de cabreo se pispó de la jugada. Suspenso al canto en la segunda evaluación. Pero alto. No se asuste nadie, recuerden que ya he dicho antes que la fechoría quedó impune. Porque después llegó la segunda parte del delito. 

Eran tiempos de papel, benditos tiempos, y las notas se entregaban en mano y primero al alumno. Con habilidad y un pequeño cúter raspé con delicadeza ese SP y lo convertí por obra y gracia de un rotring negro 0.5 en un NT. ¿Se notaba algo rarillo? Sí. ¿Había plan B? También. Así que cuando mi madre preguntó en casa por esa nota que se veía distinta armé mi cara más inocente que llevaba días ensayando para decirle que la profesora se había equivocado; que me había puesto un sobresaliente pero la verdadera calificación era un notable. Ya ven, humilde que era uno. Y coló. Jamás hubo bronca. 

Pero claro. Leo las noticias y no puedo evitar que la culpa aflore. La Policía Foral acaba de identificar a tres menores en Tudela, alumnos de Bachillerato, por acceder al usuario del profesor a través de un dispositivo espía instalado en su ordenador, descargarse los exámenes y venderlos a sus compañeros a 20 lereles el test. Unos emprendedores. Y el business les funcionó de octubre a diciembre. Así que, pensándolo bien, quizá no fue tan sofisticado lo de copiarme las declinaciones en la pezuña.

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