Opinión

"Últimamente tenemos dos especialmente molestos, de envío diario de correos a las cuentas del periódico. Una treintena de mails al mes por barba para insultar"

Recibir ofensas no es algo nuevo por aquí, pero sí sorprende que empiecen a proliferar odiadores profesionales

El correo electrónico es fuente receptora muchas veces de mensajes ofensivos
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El correo electrónico es fuente receptora muchas veces de mensajes ofensivos

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Íñigo González

Actualizado el 12/03/2026 a las 12:04

Habrán visto estos días los lamentos de varias conocidas políticas, alguna incluso primera figura mediática, denunciando el acoso que reciben en redes sociales. Un acorralamiento que, en ciertos casos, ha saltado del plano digital al físico. Y no hablo de cierta tertuliana que luce brazo en cabestrillo tras un supuesto choque con otro agitador. Uno tan salvaje que a veces hasta olvida cuál es la extremidad que tiene afectada. No. Estas son políticas, mujeres, que han visto sus domicilios expuestos en páginas de contactos y que sufren las visitas inoportunas de indeseables. Y eso no se puede tolerar. O el diluvio de mensajes de personas (por llamarlas de alguna manera) que sirviéndose del anonimato les sueltan su bilis y su odio sólo por pensar diferente. Y los que escribimos por estas páginas algo de eso sabemos.

Aquí muchos tenemos el culo pelao de recibir llamadas, correos, tuits o comentarios ofensivos. Con diferentes grados de agresividad. No es nuevo. Y da igual el motivo; ya sea un reportaje del encierro del Pilón que no ha gustado en el pueblo, la crónica de un partido de regional en la que sólo ven favoritismos o esa información parlamentaria leída como lista de agravios. Pero lo que sí que me sorprende es que empiecen a proliferar odiadores profesionales, esos que son como los definía un antiguo jefe: “pertinaces a la sequía”.

Últimamente tenemos dos especialmente molestos, de envío diario de correos electrónicos a las cuentas del periódico. Superan la treintena de mails al mes por barba para insultar -de forma cutre y soez- al periodista de turno. Me los imagino agurruñados en su sofá aporreando el i-pad con una sonrisa tonta y la baba goteando a la pantalla. Diciendo en voz alta algo del tipo: “Se va a enterar el fulanito este”. En fin, ellos sabrán. Qué triste tiene que ser la vida de algunos y qué de mierda tendrán acumulada en la cabeza para producir basura con eficiencia germánica. Ya casi los esperamos. Como en la peli. Un monstruo viene a verme. En versión Troll. Pero como dice un buen amigo por aquí: al final a toda esa gente le hacemos un fin social. Y mucho más barato que acudir al psicólogo.

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