Opinión
"Cuánto drama familiar en los quejidos. Cuánta pasión conyugal en los reproches. Han tenido que pasar nueve lustros para descubrir este lado oculto de los ejércitos"

Actualizado el 28/02/2026 a las 13:27
En las más de 900 páginas de documentos sobre el 23-F recién desclasificados no hay ni rastro de la palabra “elefante”. Eso da idea de las altas dosis de fabulación que en los últimos 45 años llevamos proyectando sobre el golpe y su trastienda. El hambre de conocer unida al gusto por la intriga dieron al enigmático “elefante blanco” de los relatos periodísticos una entidad de la que carecía, según acabamos de comprobar.
Al final lo del paquidermo va a quedar reducido a un invento del periodista Martín Prieto, quien usó la metáfora para dar color novelesco a la figura de la “autoridad militar competente” que el golpista Tejero esperaba tras tomar al asalto el Congreso y de la que tanto hablaron acusados y testigos en el juicio de Campamento.
No faltará quien piense que Prieto lo hizo con intención de señalar, si atendemos al significado de la locución “ser un elefante blanco” que da la Real Academia: ‘ser costoso de mantener y no producir utilidad alguna’. Caramba con las definiciones. Y todavía dicen algunos que la Docta Casa se debe a la monarquía que la fundó.
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Pero volvamos al material desclasificado. A falta de elefantes, lo que sí han aportado las grabaciones es perspectiva de género. Hasta ahora en las crónicas del golpe solo salían hombres. Por primera vez surge en escena un personaje femenino, cierto que en papel secundario, pero con el brillo de una ‘prima donna’. Es Carmen Díez, la esposa de Tejero, quien a lo largo de la noche increpa a distancia a su Antonio en términos poco heroicos -“Desgraciao”. “Gilipuertas”. “Tonto”. “Haciendo el primo, como siempre”-, alternando con lamentos - “Me lo han dejao solo”. “Me lo han dejao tirao como una colilla”. “Me lo han engañao”-.
Cuánto drama familiar en los quejidos. Cuánta pasión conyugal en los reproches. Han tenido que pasar nueve lustros para descubrir este lado oculto de los ejércitos y sus animosos dirigentes, y enterarnos de que detrás de un hombre golpista había una mujer de armas tomar. El relato de la trama ya no podrá ser el mismo desde que ha entrado en él este ser entre lorquiano y almodovariano, mitad Margarita Xirgu, mitad Chus Lampreave. Y eso que la mujer se quedó a las puertas del Congreso, igual que el misterioso elefante blanco. Si llega a entrar, quién sabe el curso que habría seguido nuestra historia.