Opinión

"Pensó que era peor de lo que decían en la radio. Que una civilización de extraterrestres había invadido la Tierra y que sería abducido por aquellas naves"

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Chapu Apaolaza

Actualizado el 18/02/2026 a las 08:26

Ese día, por la mañana, mientras salía del cuarto de baño atándose la bata sobre su pijama de invierno, se extrañó al ver a su perro setter mirando hacia la ventana y moviendo la cola de una manera distinta, ensimismado en una de sus circunspecciones de perro inglés, como si un faisán se hubiera posado sobre el radiador. Bajó a la cocina, se puso un café cargado en su taza con el borde roto y conectó la radio. Según contaba Carlos Alsina, había mucho revuelo en la ciudad: choques en los semáforos, atascos y aceras llenas de gente contemplando un fenómeno desconocido. Al parecer, los científicos consultados aún no tenían una opinión formada que explicara lo que se estaba viviendo. El cielo aparecía encendido en curiosos rayos que alteraban su aspecto habitual. Las autoridades habían aconsejado a la población que se proveyera de agua, cerillas, velas, un transistor y pilas por lo que pudiera pasar, y el presidente del Gobierno había convocado una rueda de prensa en La Moncloa una hora más tarde. Para decir mentiras, pensó.

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Una vez superadas una pandemia, una nevada histórica, un apagón y otras calamidades, viniendo lo que se venía encima y ante la previsión de que sonara el teléfono y al otro lado estuviera el director adjunto del periódico pidiéndole ir a alguna parte de la que no sabía cuándo conseguiría volver, hizo pis tranquilamente. Se apuró el café sabiendo que aquellos serían los últimos momentos de calma durante al menos unos días. Al fin y al cabo, otras veces había pensado que el mundo se iba a acabar y después la historia había seguido adelante con total normalidad, así que había aprendido a no perder la cabeza, a coger lo necesario y a hacer lo que había que hacer.

Antes de ducharse y frotarse el cuerpo meticulosamente con jabón —no sabía cuándo podría volver a hacerlo— decidió salir en pijama a la entrada de su casa. Esa extraña luz… Pensó que era peor de lo que decían en la radio. Que una civilización de extraterrestres había invadido la Tierra y que sería abducido por aquellas naves cuyos focos deslumbraban. Ya se veía viviendo en Marte o sirviendo de alimento, junto a miles de millones de humanos raptados, a tipos verdes y babosos. Pero entonces entendió que había salido el sol y que hacía tanto tiempo desde la última vez que ya nadie se acordaba de cómo era.

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