Editorial

El coche eléctrico no termina de despegar

Las ayudas para la adquisición de vehículos enchufables no llegan mientras baja su demanda por el alto precio de venta y la competencia más potente y económica de China

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Editorial DN

Actualizado el 15/02/2026 a las 11:48

El vehículo eléctrico no termina de despegar en España. Después de que el pasado mes de diciembre la Comisión Europea diera marcha atrás en la prohibición de los motores de combustión - una de sus propuestas estrellas en materia de descarbonización-, el Gobierno español eligió tomar el camino inverso. En noviembre había anunciado una nueva hoja de ruta para impulsar el vehículo eléctrico en el país. Consecuencia de lo anterior, el 3 de febrero presentó el Programa Auto+, que pretende corregir el fracaso de las tres ediciones de los planes Moves, entre otras cosas mediante un descuento directo aplicable en el momento de la compra -y no después, como en el caso del Moves III-, y la centralización de la gestión de las ayudas para la compra de vehículos electrificados. 

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El Gobierno pretende así dinamizar la industria del vehículo eléctrico en España para demostrar al resto de Europa que se puede ser verde y competitivo. Tristemente, a pesar de que el comienzo de año ha mostrado un notable avance del vehículo electrificado, la realidad actual del sector no resulta tan esperanzadora. Primero, la adquisición de un coche nuevo exige cada vez más esfuerzo financiero: el precio medio ya está cerca del 85% del salario bruto anual medio. 

Segundo, el fracaso de tres ediciones de los planes Moves ha provocado desconfianza tanto en la industria como entre los usuarios. Es preciso recordar que, a día de hoy, el 52% de las ayudas concedidas en el marco de dichos planes sigue sin abonarse. Tercero, tras el regreso de Trump a la Casa Blanca, los objetivos de descarbonización se han diluido, cuestión de la que Bruselas sí ha acusado recibo. Cuarto, China está lanzando modelos cada vez más potentes y económicos en Occidente, un combo difícil de igualar para la industria automovilística europea. 

Las circunstancias empujan a una conclusión apenas inesperada: si bien es deseable electrificar la industria europea, asegurar su competitividad global también lo es. Los Estados miembros deberían ajustar sus prioridades para el futuro con un enfoque irrenunciablemente más pragmático.

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